jueves, 31 de marzo de 2011

De Zöth




“A veces los sueños no deberían llegar a cumplirse. Cuando era pequeña, tan pequeña que mi mirada no alcanzaba a ver aquellos melancólicos paisajes bucólicos que se posaban en la ventana de mi habitación, solía tener un sueño que se repetía cada noche. Un silbido aullante bajaba del cielo y poco después una cegadora luz inundaba mis temerosas visiones. Salía brincando de la cama, con mis pequeños pies descalzos, intentando no pisarme el largo camisón que danzaba risueño jugando con mis torpes y desorientados pasitos.
 Recuerdo el frío suelo y mis pequeñas manitas intentando girar el pomo de la puerta, sin apenas éxito. Y una vez lograba abrir la puerta de mis esperanzadas ilusiones, mi voz parecía estar poseída de una triste y oscura soledad, al son del continuo y ligero parpadeo de mis lágrimas.
Conseguía encontrar a mi madre, acabando de preparar aquel rico estofado para el día siguiente, que me inducía a los más sabrosos pensamientos.
Algo va a caer del cielo, mami. Le decía yo entrecortadamente, perdiéndome en el hipo inconsolable de mis terrores. Y mi madre, como el gran ángel hermoso y protector, me sonreía y me tomaba en sus brazos. Me decía que sólo era un sueño, pero se a ciencia cierta, que se podía apreciar en sus ojos, el mismo temor que yo arrinconaba en mi frágil existencia.
Hoy puedo decir, que mi pequeña nieta corretea al igual que hice yo, por diferentes pasillos y en diversos mundos, pero mantiene una herencia inerte al paso del tiempo. Y aún en estos momentos, cuando me tumbo en la cama, creo que escucho de nuevo ese silbido dentro de mi alma.
A veces, los sueños no deberían cumplirse”.


Kalwa Nieminen