domingo, 2 de octubre de 2011

Amélie, Amelia... ella y sus manos


"Querida Amelia, intento cada día no tropezarme con el recuerdo y olvidarme de todo lo que llegué a sentir a tu lado, pero es levantarme y estás todas las mañanas en cada reflejo del espejo que me observa con lástima, no hay momento del día que no recuerde tus ojos y el silencio de sus miradas, tu sonrisa y el sonido que me brindaba su gesto. Hoy escuchando aquella canción "a love so beautiful" me ha asaltado el recuerdo del primer contacto con tus manos, recuerdo cuando observaba esos largos dedos y quedaba perplejo imaginándome rozarlas un solo instante, si en aquellos momentos hubiese imaginado que ellas recorrerían unos meses más tarde mi cuerpo me habría desvanecido hasta sentado intentando escribirles una poesía. La primera vez que me fijé en ellas fue ante aquella máquina de escribir, tímida y prudente sin levantar la mirada de aquel teclado que dominabas con una velocidad inigualable, permanecías cabizbaja y concentrada, me pregunto si te diste cuenta que no te quitaba ojo, algo en aquellas manos me paralizó, acababa de llegar de hacer unas visitas y no sabía que habían incorporado nuevo personal en el departamento de administración, normal, yo por aquel entonces era un simple comerciante y poco paraba por allí. Desde el momento en que te vi intenté descubrir tu rostro pero estabas oculta tras aquella melena larga que hacía a la vez de refugio para tu timidez. Ese mismo día me prometí averiguar el nombre de la dueña de esas manos...  Amélie en tu querida Francia... Amelia en tu nuevo trabajo.
¡Nunca olvidaré tu nombre Amelia, nunca olvidaré tus manos Amélie!"