lunes, 1 de octubre de 2012

Doy fe

26-09-1938 Zurich

Querida Ángela
Qué extraño se me hace volver a dar la bienvenida a un nuevo otoño en este país que dejó de ser nuevo como sus estaciones, llevo la carga de esta estancia como una pesada cruz, vine con la idea de volver pronto y ese pronto se ha transformado ya en dos años. Siempre me había gustado el otoño pero aquí, esta estación se apodera de la luz y la esconde para contaminar de tristeza cada hora del día, este paisaje hechizante esconde más melancolía de la que necesito. Lo único que ha hecho que me despoje de pensar en ti y en esa huída es el trabajo. El restaurante es tan turístico que siempre hay gente con quien mantener alguna conversación, cosa que ahora hago con más naturalidad debido a mi mejora con el idioma. Lo que no llevo tan bien son los olores de la cocina, ya sabes que en cuanto huelo a fritanga necesito una ducha. Como ves mi maniática costumbre de ducharme después de comer sigue a mi lado, sin pensar si quiera en esa leyenda urbana de los desconocidos cortes de digestión que nuestras madres nos repetían continuamente al llegar la temporada de playa.
Hoy he tenido libre y me he puesto a ordenar un poco esta minúscula vivienda que sería más minúscula si estuvieses tú y tus cosas, daría lo que fuera por andar tropezándome con ellas en lugar de estar ordenando periódicos que dejo al lado del sofá cuando me quedo dormido en él por el cansancio. Si al menos recibiese alguna carta tuya releería una y otra vez tus palabras, de hecho lo hago con frecuencia con las únicas que recibí, me quedo observando a veces los renglones sin leerlos, observando esa letra tan elegante con la que te ganabas algunos puntos en la escuela. Ojalá existiese otro medio barato para comunicarnos, resulta tan caro hacer una llamada desde el teléfono del restaurante o en las cabinas de la calle, encima no funcionan como es debido, esta mañana he desperdiciado de nuevo un montón de monedas sin éxito; cómo debe estar el estanco del Sr Joaquín que ni si quiera da línea, se oyen tantas cosas en la radio, que sólo imaginarme que hayan llegado a bombardear alguna zona del pueblo me genera más tensión y nerviosismo, es demasiado doloroso estar tan lejos de tu tierra sin saber al cien por cien lo que está sucediendo, las noticias generalizan mucho pero no especifican qué zona queda destruída.


Espero que esta ausencia de tus cartas no indique algo negativo, preferiría que hubieses decidido dejar de escribirme por otro hombre a que te ocurriese algo en medio de esa maldita locura, si al menos pudiese verte para saber qué ocurre, cuál es el motivo de este silencio, esta ausencia de noticias tuyas, de la familia; si supieras lo mal que lo paso pensando en vuestra falta de libertad, de comida, en la suerte que tengo de comer cada día dos platos calientes, pero hasta que esa guerra no termine no va a ser posible; y no es que por aquí pinte la cosa muy bien, se habla hasta de otra guerra mundial, no sé cómo va a terminar todo esto Ángela, el mundo entero está contagiado de rabia y no se dan cuenta que el único antídoto es amarnos los unos a los otros, sin odios, sin asperezas, sin envidias, sin reproches. Cambiaré de tema que parezco el padre Ramón con sus sermones, la verdad es que ahora sería capaz de estar aguantándolos con tal de estar ahí, cerca de toda mi familia, cerca de ti.
Tenía razón Gabriel con lo de poder conseguir publicar algo fuera de España, sin censuras y sin necesidad de huir. He conseguido una máquina de escribir preciosa, ha sido gracias al señor Rudolf que tiene contactos, el precio era un poco alto pero la verdad es que está en muy buen estado, nada más ubicarla en mi escritorio improvisado he querido estrenarla escribiéndote. Rudolf también me ha dicho que tengo madera de escritor, le he dejado leer algunas cosas y se ha propuesto ayudarme, conoce a un editor que posiblemente pueda ofrecerme algún trabajo como colaborador en un periódico, ya sabes la ilusión que me haría, aunque el problema es que sería en Frankfurt y tendría que dejar de trabajar en el restaurante; y a no ser que mi escritura me diera para sobrevivir no podría. Como ves esta noticia es la única buena que he tenido en mucho tiempo, ahora mismo en estas líneas van miles de abrazos camuflados en tinta, por favor, hazlos tuyos y recuerda que sigues siendo la musa de mis obras.  Rezo por muchas cosas y ruego porque me escribas.

PD: Doy fe que la letra del clásico bolero en la que dice que la distancia es el olvido no es cierta.