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lunes, 11 de marzo de 2013

Con el verbo estar en...

Buenos Aires
16 de junio de 1965

Hoy iba a ser un día normal si no llega a ser porque al salir de casa he visto correspondencia en el buzón, mis manos torpes por el frío no atinaban a coger el sobre, quizá porque en seguida he reconocido tu letra, ha sido tanta mi alegría que la he leído tres veces, una de ellas en el mismo portal. La he llevado conmigo todo el día ubicada en un bolsillo de mi chaqueta pegada a mi pecho y he tenido la sensación de llevar un imán que hacía bailar mis latidos a un ritmo desconocido; he de reconocer que no estoy acostumbrado a recibir correspondencia y la emoción me ha dejado un tanto desconcertado. Como iba sobrado de tiempo me he parado a tomar un café con la excusa del frío y así leerla por segunda vez ¡qué bien has camuflado tu perfume entre esos renglones!
Tus palabras reflejan añoranza de un amigo que acudía a escuchar tus problemas y centelleos de amores que no tenían mi nombre. Me he quedado ausente entre tu perfecta caligrafía y he notado el amor sentado al lado de mi soledad, esta soledad que conversa con mi ausencia de ti, que respira algún que otro no te olvido y se resguarda en besos que deseé sin tú saberlo. Por eso acepté este trabajo tan lejos de ti, de todo, lejos de un mundo que empezaba a notar sólo tuyo.
Dudo que las palabras que acabas de leer te sorprendan, sí, lo voy a hacer en esta primera carta, en respuesta a la tuya. Pon el verbo estar en todas sus conjugaciones antes de… enamorado de ti. No pienses que me anticipo, es que me gusta escribir cuando la emoción está reciente, sé que a estas alturas no vas a cruzar el charco y corresponderme con un abrazo y quedarte conmigo para siempre, pero era imprescindible que supieses lo que siento.
Muchas veces culpo esta nostalgia por no tener aquí más que a un tío abuelo casado con una mestiza argentina y dos primos que empiezo a conocerlos prácticamente desde ayer. Añoro a todos los que dejé atrás pero sobretodo le extraño a vos. ¡Ya se me empezó a pegar el acento de acá!
Pasearme por esta melancolía es lo único que hago cuando llego a casa, escribo y describo mi desconsuelo en borradores de papel que luego tiro, quemo o abandono entre libros.
Quererte me abre la mente y me cierra puertas de posibles conquistas, por qué negar que voy sorteando cada cebo que me impone la tentación, huyendo de mí mismo por no renunciar a ti. Y ya que empecé con la sinceridad te diré que apareces hasta en sueños donde planeo con mis manos sobre el atlas de tu cuerpo, donde mi deseo descansa en tu ombligo y concluye luego entre tus muslos para desafiar así la distancia que me separa del calor de tu piel… Como ves tu carta ha traído algo más que tinta y letras, más que aquella imagen de despedida en una estación.
Hoy caminando por las calles de este Buenos Aires, tan querido en las canciones de Gardel, iba observándome en algún que otro escaparate y he visto algo de felicidad en este rostro que estrenaba hoy un nuevo color en sus mejillas. Hasta cuando he llegado al trabajo mi compañero ha notado algo distinto en mí, como si me hubiese dejado por primera vez el mal humor de las mañanas encerrado en el piso, se ha puesto tan pesado que le he tenido que enseñar el motivo del peculiar cambio en mi carácter. Acto seguido ha empezado a bromear conmigo intentando tener alguna ocasión para robarme el único tesoro que tenía desde que llegué aquí, tu carta, esta que con su llegada me ha aferrado a una fe que no traía y ahora la escucho haciéndose amiga de un anhelo y un volver a verte.
Después de esto no sé si habrá una segunda correspondencia con tus puntos y comas, con tus elegantes haches y entrometidas emes, con tus risas mojadas en tinta y tus cotilleos en voz baja, con ese perfume a mi niña querida y amada. La ausencia será para mí una señal de que debo empezar a digerir una vida nueva sin ti, aunque tenga que enfrentarme a tu recuerdo con espada y lanza.
Cuando llegué a Rosario, un compañero de tren me regaló como obsequio de bienvenida, una pequeña publicación con pequeños relatos de autores noveles y alguna poesía de los grandes, este fragmento de Benedetti me ha parecido perfecto para dar por concluida la respuesta a tu carta: "Estaré en un lejano horizonte sin horas, en la huella del tacto, en tu sombra y mi sombra".
PD: No olvides conjugar el verbo estar en...

jueves, 24 de enero de 2013

La distancia

Llevaba días queriendo pasar por la ferretería y hacer esas pequeñas compras que se aplazan por falta de tiempo o aparcamiento, pero teniendo la tarde libre no puse excusas. Necesitaba una goma nueva para la cafetera, unas arandelas para unos tubos del lavadero y hacer la copia de una llave para el cuarto trastero y para rematar la tarde, me pasaría a recoger unos papeles por la gestoría.
La casa de mi tía Cándida quedaba cerca de mi trayecto así que decidí hacerle una visita. La encontré sola, rodeada de unas cajas de lata donde antes de tener fotos antiguas estuvieron llenas de infusiones o galletas. Al ver que tenía una tetera hirviendo en la cocina le propuse compartir con ella un té acompañado de algunas vivencias en imágenes, se levantó contenta y con agilidad dejando unas pilas de fotos encima de la mesa, la de veces que repasará esas fotos.
Siempre ha sido muy aficionada a la fotografía, no recuerdo haberla visto muchas veces sin una cámara en la mano, decía que el fotógrafo aficionado siempre debe estar preparado porque nunca sabe cuando le otorgará el momento una buena instantánea, lo mismo le hacía fotos a un paraje que a personas, a un gato que a una nube, para ella todo está en un punto de mira idóneo para ser plasmado. Aunque con los móviles actuales no creo que hubiese disfrutado, ella prefiere la robustez de una cámara y a ser posible réflex.
Se sentó a mi lado haciéndole hueco entre tanta fotografía a una bandeja que portaba dos tazas de té y un platito con galletas de canela hechas por ella, la repostería es otro de sus hobbys. La sala se ambientaba con música de Roberto Carlos, creo que de pequeño me aprendí algunas de sus canciones de tanto como se escuchaban en casa de mis abuelos.

lunes, 1 de octubre de 2012

Doy fe

26-09-1938 Zurich

Querida Ángela
Qué extraño se me hace volver a dar la bienvenida a un nuevo otoño en este país que dejó de ser nuevo como sus estaciones, llevo la carga de esta estancia como una pesada cruz, vine con la idea de volver pronto y ese pronto se ha transformado ya en dos años. Siempre me había gustado el otoño pero aquí, esta estación se apodera de la luz y la esconde para contaminar de tristeza cada hora del día, este paisaje hechizante esconde más melancolía de la que necesito. Lo único que ha hecho que me despoje de pensar en ti y en esa huída es el trabajo. El restaurante es tan turístico que siempre hay gente con quien mantener alguna conversación, cosa que ahora hago con más naturalidad debido a mi mejora con el idioma. Lo que no llevo tan bien son los olores de la cocina, ya sabes que en cuanto huelo a fritanga necesito una ducha. Como ves mi maniática costumbre de ducharme después de comer sigue a mi lado, sin pensar si quiera en esa leyenda urbana de los desconocidos cortes de digestión que nuestras madres nos repetían continuamente al llegar la temporada de playa.
Hoy he tenido libre y me he puesto a ordenar un poco esta minúscula vivienda que sería más minúscula si estuvieses tú y tus cosas, daría lo que fuera por andar tropezándome con ellas en lugar de estar ordenando periódicos que dejo al lado del sofá cuando me quedo dormido en él por el cansancio. Si al menos recibiese alguna carta tuya releería una y otra vez tus palabras, de hecho lo hago con frecuencia con las únicas que recibí, me quedo observando a veces los renglones sin leerlos, observando esa letra tan elegante con la que te ganabas algunos puntos en la escuela. Ojalá existiese otro medio barato para comunicarnos, resulta tan caro hacer una llamada desde el teléfono del restaurante o en las cabinas de la calle, encima no funcionan como es debido, esta mañana he desperdiciado de nuevo un montón de monedas sin éxito; cómo debe estar el estanco del Sr Joaquín que ni si quiera da línea, se oyen tantas cosas en la radio, que sólo imaginarme que hayan llegado a bombardear alguna zona del pueblo me genera más tensión y nerviosismo, es demasiado doloroso estar tan lejos de tu tierra sin saber al cien por cien lo que está sucediendo, las noticias generalizan mucho pero no especifican qué zona queda destruída.


Espero que esta ausencia de tus cartas no indique algo negativo, preferiría que hubieses decidido dejar de escribirme por otro hombre a que te ocurriese algo en medio de esa maldita locura, si al menos pudiese verte para saber qué ocurre, cuál es el motivo de este silencio, esta ausencia de noticias tuyas, de la familia; si supieras lo mal que lo paso pensando en vuestra falta de libertad, de comida, en la suerte que tengo de comer cada día dos platos calientes, pero hasta que esa guerra no termine no va a ser posible; y no es que por aquí pinte la cosa muy bien, se habla hasta de otra guerra mundial, no sé cómo va a terminar todo esto Ángela, el mundo entero está contagiado de rabia y no se dan cuenta que el único antídoto es amarnos los unos a los otros, sin odios, sin asperezas, sin envidias, sin reproches. Cambiaré de tema que parezco el padre Ramón con sus sermones, la verdad es que ahora sería capaz de estar aguantándolos con tal de estar ahí, cerca de toda mi familia, cerca de ti.
Tenía razón Gabriel con lo de poder conseguir publicar algo fuera de España, sin censuras y sin necesidad de huir. He conseguido una máquina de escribir preciosa, ha sido gracias al señor Rudolf que tiene contactos, el precio era un poco alto pero la verdad es que está en muy buen estado, nada más ubicarla en mi escritorio improvisado he querido estrenarla escribiéndote. Rudolf también me ha dicho que tengo madera de escritor, le he dejado leer algunas cosas y se ha propuesto ayudarme, conoce a un editor que posiblemente pueda ofrecerme algún trabajo como colaborador en un periódico, ya sabes la ilusión que me haría, aunque el problema es que sería en Frankfurt y tendría que dejar de trabajar en el restaurante; y a no ser que mi escritura me diera para sobrevivir no podría. Como ves esta noticia es la única buena que he tenido en mucho tiempo, ahora mismo en estas líneas van miles de abrazos camuflados en tinta, por favor, hazlos tuyos y recuerda que sigues siendo la musa de mis obras.  Rezo por muchas cosas y ruego porque me escribas.

PD: Doy fe que la letra del clásico bolero en la que dice que la distancia es el olvido no es cierta.