lunes, 29 de octubre de 2012

Dejándose llevar

El hilo de esta historia podría empezar aquí

M- Hola Carmen, por fin te veo por la red.
C- Hola Maica. Llevo dos días intentando tener un momento libre para conectarme pero me ha sido imposible, y no será porque no he intentado hacerle huecos al reloj.
M- Tranquila, ya me imaginé que estarías liada, yo tampoco he ido demasiado libre que digamos, hemos tenido un compañero de baja esta semana y hemos tenido que hacer entre todos su trabajo, con lo que me ha llevado hacer algunas horas de más esta semana.
C- Ayer mientras estaba esperando a Santi salir de sus clases de taekwondo pensé en la torpeza de no haberte pedido aún tu número de teléfono, al menos me habría distraído un poquito escuchándote durante la espera.
M- ¿Desde cuándo no miras el correo? yo te envié mi teléfono hace un par de días por email.
C- No te he dicho que he ido fatal de tiempo, no he encendido el ordenador desde hace días, luego lo miro. Espero que estés preparada para seguir contándome tu historia de Cádiz.
M- Pues claro, lo dejamos en...
C- En el contacto nena, el contacto.
M- Bueno, me refería a contacto, o sea, al hecho de...
C- Que no te enrolles y le des al teclado, que no quiero escusas de ningún tipo hoy.
M- Pues al llevarme del brazo mi cuñado hacia la pista de baile y dejar atrás a Daniel en la barra me encontré con Santi, el cual me agarró dando giros sin sentido para bailar, intenté no perder de vista la silueta de Daniel en la barra pero mientras me movía entre tanta gente de las manos de Santi vi como Daniel se acercaba a su mesa y acaparaba un vaso de la mano de César, se tragó de un sorbo todo el contenido mientras miraba donde estábamos Santi y yo. Empecé a pensar que con lo poco que le gustaba bailar no se atrevería a acercarse y salvarme de aquel momento tan angustioso, de verdad Carmen, me encontraba fatal, no sé si fue el cava o los giros.
C- O la mezcla de varias bebidas durante la noche guapa, bueno, eso y los nervios hicieron un cocktel en tu estómago fijo.
M- Segurísimo, pero bueno, entre giro y giro apareció Daniel y creo que se me quitó de un plumazo el mal estado, eso o es que su presencia me hizo olvidar el malestar. Apareció con un gesto tímido de los suyos, me cogió delicadamente la mano para relevar a Santi, ¡no me lo podía creer! Encima con la canción que había de fondo, ni más ni menos que la de “cobarde” de Bustamante, tenía ganas de reir por dentro, pensando en las casualidades de la letra para un ser como él, pero al sentir su mano agarrando la mía todo mi cuerpo sintió un escalofrío que aún sigue recorriendo mi ser. Le noté torpe en su ritmo y no entendía por qué no salíamos de aquella pista que lo único que hacía era disfrazar nuestros deseos. Y creo que estuvo a punto pero la canción que vino después le detuvo el intento. Menuda canción Carmen.
C- No sería una lambada jajaja...
M- No, no. Te acuerdas en la disco cuando ponían los lentos y salía la canción de “one more try”, la de veces que busqué la mirada de Daniel para ver si se atrevía a acercarse para bailarla juntos.



C- ¡Qué me dices! La de veces que decías que esa canción era “vuestra canción” aún sin haberla llegado a bailar juntos, recuerdo que decías que no la bailarías con nadie más sino era con Daniel.
M- Pues ahora ya puedo decir que se cumplió ese sueño. En cuanto empezó a sonar las primeras notas los dos nos miramos sorprendidos y buscamos la complicidad de alguien, no sé, lo primero que pensé es que Joan o Santi habían ido al Dj a solicitar el tema para nosotros.
C- Con lo bebidos que estaban lo dudo, eso es que el universo entero estuvo concediéndote la posibilidad de bailar esa canción.
M- Sí, el universo, el destino, lo que sea, yo lo único que sé es que cuando Daniel me acercó a su cuerpo y noté su respiración cerca de mi cuello pensé que el mundo podía terminarse en ese mismo instante Carmen. Con ese baile, la vida me regaló un espacio de tiempo que creí perdido y olvidado. Descubrí que ni con el mejor perfume podía camuflar el clásico olor de su piel, Daniel me trajo de nuevo aquel olor a verano, a sal, a domingos en el parque, a juegos de miradas...
C- Veo que sí te tocó.
M- Pues hablando de tocar, durante la balada, de vez en cuando me apretaba la mano y la cintura con intensidad, como queriéndome decir algo, yo le correspondía con un gesto idéntico pero como exigiéndole hablar, quería invitarle a romper ese silencio que nos ha perseguido siempre.
C- ¿Pero es que no hablasteis nada durante la balada?
M- Pues no mucho, sólo excusas de lo mal que estaba bailando, yo le decía que se dejase llevar, que me siguiera a mí. Te aseguro que de buena ganas me lo habría llevado de allí pero es que era nuestra canción Carmen.
C- Claro, claro.
M- De vez en cuando nos mirábamos de una forma que decía tanto.
C- ¡Pero es que este tío no aprende! tenía una preciosa oportunidad en sus manos y te habla con miradas. Y anda que tú, con lo lanzada que eres no sé como no...
M- Sí, lanzada soy, pero ante su presencia siempre me he quedado inmóvil.
C- Y a Daniel le ocurría lo mismo contigo, porque con el resto del grupo era muy extrovertido.
M- Ya, ya. Esa noche sus miradas iban cargadas de miedos, yo tenía ganas de llorar, de explotar aquella emoción de una manera que no se hubiese escrito nunca, busqué su mirada y vi el brillo de su emoción y más sabiendo que llegaba el final de la canción; entonces, me inclinó hacia atrás, pero agarrándome con mucha fuerza por la espalda, con la intención de darme un beso y...
C- ¿Qué? ¿Intención? Dime que no tendremos que escribir en tu epitafio “Me hallo aquí satisfecha de todo menos de sus labios”.
M- ¿Aún te acuerdas de eso? La de bromas que hacíamos con el temita del epitafio, y creo que lo voy a tener que dejar escrito ya para siempre.
C- O sea, que no hubo beso.
M- Exacto, nos quedamos a escasos milímetros pero no hubo beso. De repente se levantó un vendaval que hizo que las sillas, centros de flores, restos de hojarasca empezaran a desplazarse y a sacudirnos la cara. Sentí pánico, nunca había visto algo así.
C- Claro tanto pedir que se podía acabar el mundo en sus brazos que el universo se lo tomó en serio.
M- ¡Ah, pues no había caído yo en eso! Que no, que no es broma Carmen, al parecer el levante tiene esas sorpresas, yo lo que sé es que de repente noté la mano de Álvaro retirándome de allí, me dio tiempo a decirle algo así como ¡Nos veremos mañana! Me alejé observando como Daniel observaba el cielo y luego se arrodilló cubriéndose la cabeza y como Santi iba a buscarlo y se lo llevaba bajo un porche. Todo el servicio del hotel nos pedía que nos refugiásemos en la cafetería, que el viento era pasajero y podríamos volver a la pista de baile y seguir disfrutando, yo no lo veía tan claro; nos acercamos a la barra más cercana a la puerta de la entrada y por más que intentaba controlar la puerta por si lo veía aparecer no llegó ni su olor. Conseguí ver a Joan y me acerqué a preguntar por el resto del grupo y él mismo notó que por quien estaba interesada era por Daniel, me señaló que lo había visto irse hacia la playa en solitario. Sentí tanto miedo que subí a mi habitación para ver si podía verle desde la terraza y sí, vi su silueta en solitario caminar por esa solitaria orilla, el mar estaba inquieto y pensé en lo peor, quería bajar y dirigirme hacia él pero algo me retenía, entonces de rabia empecé a llorar imaginándome allí con él, para pedirle un abrazo, de esos que sabes que no vas a poder desengancharte, de esos que sientes como los corazones conversan... Pero en mitad de tanto sueño y llanto apareció Álvaro, con un par de copas en la mano y una botella de cava, diciéndome que aún no había tenido ocasión de bailar conmigo, me sequé las lágrimas mientras él se acercaba por detrás vertiendo el cava en las copas, empezó a besarme el cuello y me evocó la respiración de Daniel durante el baile, empecé a sustituir las manos de Álvaro por las de Daniel con la imaginación, sentía ganas de llorar, de gritar su nombre, me sentía mal por estar en ese estado de ambigüedad, sintiendo las caricias de Álvaro como nuevas, una sensación mágica... Carmen quieres creer que me entregué a Álvaro como nunca, reconozco que luego me sentí culpable pero...
C- Tranquila, no tienes que sentirte culpable mujer, eso de ponerle cara a mis noches de pasión lo he hecho yo un montón de veces ¿y quién disfruta? ¡Pues todos!
M- Sí, Álvaro a pesar de su embriaguez noté que disfrutó también como nunca. Y más de una vez me dice que quiere noches como aquella. Y yo cuando no me apetece nada seguir el juego le respondo con ironía que eso sólo pasa en Cádiz, por ese aire de levante. Otras veces lo traigo a nuestra cama y me dejo llevar.
C- Claro que sí, que la vida son dos días, y lo que tenemos que hacer es cambiar el epitafio: “No creas que me hallo aquí sin haber encontrado lo que no buscaste”.
M- Muy bonito Carmen, pero te juro que no quiero volver a quedarme a milímetros de otro beso. Es que hay que ver que fuimos las dos tontas del grupo, nos fuimos a enamorar de los más cortados y ahora seguro que van por ahí de solterones desesperados. Encima tú tuviste también la mala suerte de marcharte justo cuando algo parecía cuajarse entre vosotros.
C- Sí, pero como lo del traslado de mi padre fue inminente pues me tocó marcharme cuando Santi estaba pasando el mes de agosto en el pueblo de sus padres. Lo que lloré pensando en esa distancia que no nos iba a permitir ni si quiera despedirnos.
M- Así que ya somos dos reservando esas ganas para alguna situación. Porque no sé tú Carmen, pero yo confío que esa oportunidad nos llegará.
C- Esto me ha recordado al cuento de Blancanieves.
M- Me estás diciendo que vendrán a darnos el beso cuando estemos...
C- Halladas y tumbadas nena. Pero tranquila que para eso está la imaginación, sólo hay que cambiarle el final al cuento.
M- ¿No te has preguntado nunca dónde va el amor que no llegó a usarse?
C- Para una pregunta tan profunda tendré que meditar la respuesta.
M- Venga, te reto a ello, por cierto, tengo que cortar que llega Álvaro con su hermana en pocos minutos para salir a cenar y aún no me he arreglado.
C- ¡Uff, la cuñada! entonces no hay excusas, nos vemos en otro ratito.
M- ¿Vernos? ¿Cuándo vienes a Barcelona?
C- Pues de momento sueña y coge práctica.
M- ¿Práctica en qué?
C- En abrazos, porque nos debemos unos cuantos ¿no crees?
M- Pues sí, pero tranquila que eso se aprende rápido, "Recuerda... sólo hay que dejarse llevar".
C- Sí y a eso tú veo que le estás cogiendo el truquillo.
M- Y que dure. Bueno princesa, nos vemos otro día por aquí. ¡Besos!
C- Opppss! Besitos!