martes, 19 de julio de 2011

Hoy de nuevo lluvia

Hacía meses que no se veía en el pavimento de la calle ese reflejo plateado del cielo y las luces centelleantes de los intermitentes de los coches. Estaba saboreando un café y para que os voy a engañar, un pitillo también, cuando he visto un chico empapado encima de una bicicleta pararse delante de la cafetería que hay en frente, pensé en seguida que sería para tomarse un café y así, darle una tregua a la lluvia, pero no.
Mientras intentaba leer sin éxito desde mi ventana lo que escribía en la pizarra uno de los camareros de la cafetería, veo como el chico de la bicicleta ha salido llevando de la mano una chica y se ha montado en la bici, con ella. Él sin casco pero sobre el sillín, ella en el manillar dispuesta a ser el airbag de él ante una frenada brusca, ¡una locura, pero allá ellos!



He dejado de mirar por la ventana porque he tenido que atender el teléfono, era mi tía, que intentaba convencerme que ahora que estoy en casa más tiempo sola que acompañada me iría muy bien adquirir un perro, ella misma tenía una vecina con una Mastín embarazada y pretendía comprarle un cachorro para mí, naturalmente le he dicho que no. Me gustan mucho los animales, pero reconozco que no es mi mayor pasión, y las obligaciones para con ellos es lo que más me preocupa, aún si estuviese viviendo en una gran casa con un poco de patio me lo pensaría, pero en estos 68m2 de piso sólo me faltaría que un perro que crece por días redujera más mi espacio. Para no herirla le he dicho que me lo pensaría, que primero lo tenía que consultar con Sandro, que al fin y al cabo, aunque sea unos días por semana vive en esta casa, y comparte gastos; mi tía sabe perfectamente que a Sandro no le hacen mucho tilín los perros, así que no sé porqué tanto empeño en que tenga un animal en este piso tan pequeño, será porque recuerda cuando iba todas las tardes al salir del colegio camino de su casa y me tiraba horas jugando con su pastor alemán, "León" le llamábamos, era precioso, digo era porque murió. Supongo que ella recuerda muy bien lo mucho que me afectó la muerte de ese perro y por eso está empeñada en que adquiera uno.
Al colgar el teléfono busqué mi cigarrillo, lo había dejado al lado de la ventana, pero de él no quedaba más que sus cenizas, así que en honor a sus restos he encendido otro. De nuevo mis ojos se dirigieron hacia la calle, la noté tranquila, casi sin gente, de nuevo viendo a cuatro coches pulverizando agua a los posteriores han aparecido esos dos locos en bici, más empapados si cabe, sobretodo él. La lluvia seguía sin dar tregua y ella se ha bajado del incómodo sillín y ha rodeado el cuello de él con sus largos brazos y se han besado como si el tiempo les estuviese robando la saliva. Él con su cuerpo mojado y lacio por el abuso de ternura de ella le apretaba las nalgas y su short, seguían los besos y los arrumacos cuando un señor enorme ha hecho acto de presencia delante de la puerta de la cafetería, ella ha hecho un gesto de temor y se ha despegado del amoroso amigo y él ha hecho un gesto recriminante al señor que ha sido la gota que ha colmado el vaso. En pocos segundos se estaban dando algunos mamporros, y digo pocos porque ella misma se ha encargado de separarlos y dejar la escena en calma. Acto seguido el señor se ha metido en la cafetería y ella cogiendo al chico de la mano han seguido hablando durante muchísimo rato, tanto que no he sabido cuanto porque me he dado cuenta que por estar observándolos me había fumado ya cuatro cigarrillos.
Sigo pensando en esa imprudencia aunque quizás yo habría hecho lo mismo, de hecho esta pareja ha conseguido que me quede pegada a esta ventana durante… ¿cinco cigarrillos y una charla con mi tía?