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viernes, 24 de agosto de 2012

Entre redes



Jorge- Qué quieres que te diga Daniel, esto de las redes me tiene mosqueado, mi mujer está todo el día pegada al móvil, en casa ahora se escuchan más los sonidos del whatsapp que un cd de los Beatles.
Daniel- Bueno, hoy es el móvil y mañana serán las pelis románticas con la mantita y palomitas, las mujeres tienen días…
J- No, no, a mí Sara me tiene algo preocupado, se lleva el móvil a todos lados, hasta al baño. Y yo me pregunto ¿pero si se está duchando? No le digo nada porque encima se me pone como una moto.
D- Anda Jorge ¿no estarás pensando que tiene un rollito con alguien? ¡Que te conozco!
J- No, no lo creo, pero es que ahora con tantas amistades que de pronto le han salido.
D- Tranquilo, cuando tenga un número de contactos o cambie la moda se le pasará, no creerás que a Sara van a salirle amigos de la nada. ¿A caso tú no tienes cuenta con amigos en el face?
J- Sí, tengo una cuenta pero casi ni la uso, ya sabes que lo mío no son las tecnologías, me siento perdido. A veces en el sofá por pereza de encender el ordenador ojeo algo a través del móvil, pero me resulta muy incómodo navegar y contestar en una pantalla tan pequeña, además es lentísimo.
D- ¡Si tuvieras un iPhone no dirías lo mismo!
J- ¡Ya estamos! como tú eres de los de la manzanita esa…
D- El día que pruebes un producto Apple no querrás volver a...
J- Sí, sí, pero no me cambies de tema, ¿tú usas el Face?
D- Sí, de vez en cuando, cuando no estoy muy liado busco o rebusco y me pongo al día de cosas que hacen los colegas, normalmente nada interesante, lo tengo más como un juego o distracción. si quieres un consejo no te ciegues Jorge, esto es como un virus pasajero, hace unos años la moda fue tener email, luego tener messenger y ahora es tener facebook y whatsapp, mañana será otra cosa… ¡todo es lo mismo pero con distinto nombre y abrigo!
J- Yo es que esto del face lo veo más como una utilidad de recopilar a personas que hacía años que no veías, amigos del cole con los que te apetece de nuevo tener contacto y recordar viejos tiempos, pero más allá creo que…
D- Bueno, un día leí que esta moda de las redes sociales fueron creadas para ir más allá que buscar colegas de forma rápida y en la palma de la mano.
J- ¿Y tú qué opinas que esto, crees que es una especie de conspiración?

martes, 17 de julio de 2012

Amor descapotado

Teníamos la suerte de vivir a pocos kilómetros del mar, así que en época de verano era nuestro lugar de ocio. Nos subíamos al autobús y en menos de media hora estábamos ya dándonos chapuzones, tostándonos, jugando a voleibol o lo que surgiese, aunque casi siempre era esperar a que alguna chica nos llamase la atención. A veces bajábamos toda la cuadrilla juntos, otras nos encontrábamos en un espacio de la playa que parecía tener nuestro nombre. Era complicado encontrar libre la red de voleibol pero no nos importaba, cuando eso sucedía sacábamos una baraja de cartas e improvisábamos apuestas tontas o jugábamos en el agua haciendo piruetas que a más de uno nos hacía tragar alguna que otra bocanada salada.
Ese día me parecía raro que estuviésemos todos menos Sara. Esther nos comentó que habían llegado de Alemania unos primos suyos y lo mismo tenía otros planes, cuando llevábamos ya más de una hora sacando humor de debajo de las toallas apareció ella en un descapotable rojo alzando sus brazos para que le prestásemos atención. Creo que todos soñábamos con tener un descapotable de esos y conducir a pleno sol, sobretodo acompañado de chicas, pero esta vez era todo lo contrario, la única chica era Sara, el resto, dos de sus primos alemanes y un amigo extra de una altura increíble para sus dieciséis años, al salir del coche no podías imaginarte cómo había podido meterse en el asiento de atrás.


De ese día lo recuerdo casi todo y no recuerdo casi nada, lo más divertido quizás fue subir todos en ese coche, como en esos autobuses de la India; y lo más emotivo fue el aguijonazo que sentí al ver a Sara tan radiante, era algo que no lograba entender, se dejaba ver como cada día, una compañera más del grupo saltando, alborotando a todo el que la escuchase, pero en ese instante, la sentí desconocida... ¿o yo me sentía cambiado? Tras el cúmulo de diversión y emociones dignas de nuestra edad decidí bañarme solo entre el oleaje para callar mi nueva herida, curar con sal esa mezcla de pena y alegría; nadé mar adentro queriendo arañar el horizonte para deshacerme de aquel sentimiento que había transportado aquel descapotable rojo.