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lunes, 23 de julio de 2012

¿Lo de siempre?

-Hola Celia, prepárame un café cuando puedas.
-Ahora mismo. ¡Qué cara de cansada traes hoy!
-Sí, anoche estuve trabajando hasta bien tarde ultimando detalles de unos planos que teníamos que presentar para esta tarde. Hace nada que hemos terminado ¡por fin! ¿Y tú cómo lo llevas?
-Bueno, estaba deseando hacer vacaciones, para una vez que me las puedo pillar en junio va una compañera y se fractura una muñeca, así que al final tendré que aplazarlas para después de verano.
-Mejor ¿no? Piensa que después de vacaciones vas a encontrar todo más económico y más tranquilo, ya quisiera yo poder hacer vacaciones en septiembre u octubre en lugar de julio o agosto, es que en cualquier hotel que te instalas hay demasiada gente y es lo que menos necesito para descansar.
-Yo como me paso todo el año sirviendo cafés, bocadillos y platos a todo el que pasa por aquí, lo que necesito en vacaciones es que me sirvan, y como una semana en hotel no puedo permitírmelo tengo que conformarme con alguna que otra terracita o una comida fuera de casa.
-Normal, no sé como aguantas. Cuando vengo a comer y te veo con tantos platos para arriba para abajo, con tantas prisas… yo no podría Celia.
-Sí podrías, lo que pasa es que has tenido la suerte de haber estudiado una buena carrera y conseguir vivir de ello, pero si hubieses tenido que salir adelante como yo, te habrías agarrado a cualquier otra cosa, hasta limpiar casas.
-Ya, ya, si yo no le quito mérito a tu trabajo ni al resto de servicios, sino iba yo a estar aquí tomándome un café ahora, que aunque en la oficina hay una buena máquina de café prefiero bajar aquí y desconectar en otro ambiente.
-Pues ayer no te vi.
-¡No te he dicho que hemos ido de culo con un proyecto!
-Sí, sí, perdona, es que me he distraído.
-Pues no será por la gente que hay hoy aquí, es la primera vez que vengo a las seis de la tarde y veo la cafetería tan limpia, ordenada, sin gentío…
-Oye, oye, lo de limpia y ordenada…
-No te ofendas mujer, es que cuando vengo por las mañanas está a tope y cuesta encontrar un hueco para respirar, lo mismo que a la hora del almuerzo.
-Ya, no me lo recuerdes. A esta hora casi nadie pasa, de cuatro a cinco de la tarde solemos poner un poco de orden y comer, menos mal que este local no es muy grande.
-Pero recogeréis entre todos ¿no?
-Claro, claro, yo me quedo haciendo este horario mientras el resto marchan tres horas a descansar, cuando llegan a relevarme marcho a casa para disfrutar de mis hijos, que sino ni los veo. Esta hora de la tarde es muy tranquila, vienen cuatro gatos. Por cierto, qué raro que no haya venido el de las seis.
-¿El de las seis?

-Sí, es un cliente que viene cada día a esa hora y se sienta siempre en aquel rincón, y pide lo de siempre, un café. Es curioso, saca todos los días un bloc en blanco y se pone a escribir líneas y líneas, todo con un orden admirable, y lo más curioso es que hasta que no le sirvo el café no empieza con su ritual.