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domingo, 25 de agosto de 2013

Oferta y demanda


En el mercado de los sueños
he puesto de oferta mi cordura,
liquido sentimientos
y malvendo la locura,
a ver si los errores cicatrizan,
la impaciencia busca calma,
la vergüenza y la prudencia
a la osadía se declaran.

Date prisa que se acaba
llevo barato el corazón,
hoy, un tres por dos en abrazos,
mañana, envaso al vacío la emoción,
se puede pagar con besos,
o un cheque del querer,
un vale si es por afecto,
para halagos con un pagaré.

En el mercado de los sueños
me apetece estar despierta,
por si las palabras que me grito
huyen y luego entran,
dejaré un camastro en el suelo
por si decides volver,
y el deseo y la ternura
quieren cita de ocho a diez.

sábado, 27 de abril de 2013

La culpa la tiene el cielo

Bilbao, 18 de Marzo de 1977


Querida Julia, ¡qué sorpresa verdad! 
Ni yo misma me creo estar robándole unas horas a esta tarde de sábado para coger papel y tinta, aunque a punto he estado de hacerlo con la vieja Olivetti de Guillermo pero es que si lo hago, parece que no desconecte de la oficina. 
Me pregunto si cuando leas estas líneas tendrás ya el título de modista colgado y enmarcado en la pared, ya sabes que puedes estrenarte haciéndome el vestido de madrina para la fiesta de agosto, que aunque queden algunos meses el tiempo pasa volando. Sé por mis primas que te va muy bien con Teo, a ver para cuándo el enlace, que de nuestra quinta eres la única que queda por vestirse de largo, aunque si te digo la verdad, deberías hacer como aquí en la capital, algunas parejas conviven juntas y no les une ningún papel, pero claro, eso a tus padres no les iba a hacer mucha gracia.
Yo cada día con menos tiempo para mí, el niño, el colegio, el trabajo, la casa... Los fines de semana si a Guillermo no le hacen trabajar el sábado solemos ir a la montaña a hacer un picnic con unos vecinos, así los niños y adultos desconectamos unas horas de la ciudad; los domingos un paseo por el centro camino del aperitivo en el bar de tío Candelario y luego para casa a comer y descansar, la única novedad para contarte es que ya tenemos reproductor de video, con lo que las tardes que nos quedamos en casa siempre tenemos una película de alquiler para ver, por lo demás, igual que siempre.
Ya está aquí la primavera y con ella el cambio de ropa, parece mentira lo que hace tener más luz por las tardes, al menos el día parece que cunde más; precisamente ayer tarde cuando volví del trabajo me enredé a organizar los armarios, he separado un par de bolsas con ropa de Julián que se le quedó pequeña antes de lo esperado, estos niños crecen por momentos, creo que su ropa le vendrá bien a Pedrito, y a tu hermana ni te cuento.
¡Ay Julia, os echo tanto de menos! no hay día que no recuerde aquel andén, aún sueño con aquella autopista férrea que iba alejándome de todo lo que me importaba para dirigirme a un lugar desconocido con más futuro, y sí, trabajando estoy desde que llegué, pero a veces siento que esa balanza de prosperidad no me recompensa. 
¡Se nota que hoy me he levantado melancólica eh! La culpa la ha tenido el cielo, sí, nada más levantarme me he asomado al balcón y me ha sorprendido verlo sin nubes y completamente azul, de ese azul que tan acostumbrados estáis por ahí; aquí lo habitual es verlo pálido y plomizo, bueno, como en la mayoría de ciudades industrializadas donde los muros de hormigón, pisos, calles y coches lo van coloreando todo de gris. Qué vida de contrastes, los pueblos andan faltos de servicios y comodidades y las ciudades sobradas de ruidos y olores pestilentes, demasiada sociedad haciendo y deshaciendo lo mismo un día tras otro.
Ojalá pueda escaparme unos días para el próximo puente de mayo, nos entregaron el coche hace un mes y Guillermo quiere hacerle un primer rodaje, espero que esta inversión con ruedas nos de más oportunidades de ir más a menudo a veros. 
Ahora me gustaría trasladarme en el tiempo, concretamente a aquellos sábados cuando queríamos bajar a la plaza para reunirnos con la pandilla y yo te ayudaba a tender las sábanas al aire libre en el antiguo corral de tu casa, espero poder hacerlo dentro de poco y no tener que acudir a los sueños. Necesito disfrutar unos días de alguna caminata recordando nuestros juegos de niñez, ir a beber agua a la fuente de La Secana, meternos en la fresca Ermita de San Nicolás a ponerle alguna vela al santo, asomarme a la loma de Punta Cabras a gritar nuestro nombre retando a nuestro eco, saturarme de aroma de romero, tomillo, estirarme en la hierba y dejarme acariciar por el viento mientras esperamos algún guiño de las nubes sacudiendo alguna que otra tormenta primaveral. ¡Sí Julia, necesito una dosis de algo sencillo, que huela a mis recuerdos! 
Tengo muchas cosas que contarte pero más ganas tengo de verte, bueno, a ti y a todos, te aseguro que voy a ser pesada con mi dosis de cariño, amenazo con pedir abrazos para dosificarlos en esta gris ciudad hasta los siguientes, así que ves avisando al pueblo entero, no es una amenaza, es que mi corazón con la edad y la distancia se ha vuelto exigente. Si no llegamos a colarnos en carretera para este puente hazme el favor de responder esta carta y ponerme al día de todo, sobretodo de ti. 
Es la hora de la despedida, esta es la parte que peor llevo y llevaré mientras haya tantos kilómetros entre la línea de mi ayer y el horizonte de mi futuro.
Me paro en este último párrafo para que fluya un suspiro y regalarte la primera dosis de abrazos que luego me cobraré en persona.

domingo, 31 de marzo de 2013

Rendición

Fueron escasos segundos los que me mantuve poseído ante aquellos ojos verdes.
—¡Qué sorpresa Elena! Adelante, pasa, me cambio de zapatos y luego  si te parece bien podemos ir a tomar algo—, avancé por el pasillo que llevaba al salón, Elena se encargó de cerrar la puerta mientras se quejaba:
—Pero bueno, ¡qué bienvenida es esta! llevamos meses sin vernos y...
Tenía razón, me había pillado tan de sorpresa su llegada que se me había olvidado saludarla como de costumbre, me giré, puse un par de dedos en sus labios a modo de silencio y luego impulsivamente la abracé, fue un momento sumamente especial, momento en el que tuve claro que si me ofrecían un último deseo antes de morir querría que fuese estar entre sus brazos. Elena interrumpió aquel trance poniendo sus manos a ambos lados de mi cara y mirándome a los ojos me dijo:
—No pensarías que me iba a quedar sin ver tus ojos mientras me vuelves a contar lo de tu viaje a Pekín para ver a... ¿cómo se llama?
Elena tenía la peculiaridad de advertir si mentía con sólo mirarme a los ojos, aquel abrazo hizo que ni me acordase de lo que me había inventado hacía unos minutos para no acudir a su boda, pero si Elena seguía mirándome así conseguiría descubrirme; de momento tenía que solventar que a mi mentira le faltaba el nombre de una mujer, escuché a la vecina de arriba moviendo muebles y elegí si pensarlo su nombre.
—¿Te refieres a Olga? —Disimulé entrando en mi habitación en busca de mis All Star, cuando alcé la vista encontré a Elena chafardeando en mi cuarto mientras me regalaba el aroma fresco y peculiar de su piel.
—Bien, primera pista, me temo que tendré que hacer de policía para poder sacarte algo más que su nombre.
La astucia de Elena iba más deprisa de lo que presentía, tenía que darme prisa para salir de aquella habitación, cualquier despiste mío lo utilizaría para sonsacarme la verdad.
—Si hubiese sabido que venías habría ordenado un poco este cuarto. Bueno cuando quieras marchamos,  ¿no te apetece una cerveza bien fresca?—. Ella seguía inmersa con sus cinco sentidos moviendo cualquier objeto que pudiese darle pistas de algo nuevo en mi vida, se fijó en una foto enmarcada que había en una estantería, una foto que nos hizo mi padre en la playa cuando teníamos escasos siete u ocho años, en ella estábamos mi hermana Carlota, ella y yo.
—¡Uy, cuánto tiempo hace ya de esto! ¿Y cómo es que tienes esta foto aquí?
—Fue un regalo de Carlota en mi vigésimo cumpleaños, ¿recuerdas que ese día vinieron a rescatar un cachalote que quedó varado en la orilla? Carlota lo pasó muy mal ese día viendo que no podían hacer nada por aquel cetáceo, creo que aquel trauma hizo que se apasionase por la biología marina, siempre dice que esa foto significó un comienzo para ella.
—No me extraña, está preciosa en esta foto, siempre tan morenita.
—Tú también estás guapísima aunque un tanto triste.
—Bueno, triste estamos los tres, lo que llegamos a llorar al ver la agonía de aquel animal. Y lo bien que captó tu padre ese momento de angustia e incertidumbre. ¿Habría posibilidad de tener una copia?
—Supongo que sí, moveré cielo y tierra pero ahora ¿qué tal si nos marchamos? dice una leyenda urbana que a partir de las ocho de la tarde ya no queda cerveza en El Xiringuetti.
—¿No tienes cervezas en casa? Es que no me apetece mucho salir.
—Venga mujer, ¿cuánto hace que no compartimos una birra juntos? además, es viernes—, impulsivamente la cogí de la mano dirigiéndome hacía la salida mientras ella seguía haciéndome preguntas:
—¿Por qué no tienes alguna foto de Olga en tu habitación?
—Sencillamente porque no necesito tener a mi familia haciéndome preguntas sobre ella, ya tengo bastante contigo, además, llevamos poco tiempo y...

domingo, 14 de octubre de 2012

...a ti

Hay notas que te traen
y melodías que me llevan,
silencios que te llaman
y latidos que me callan.

Hay besos que te ruegan
y abrazos que me condenan,
miradas que te palpan
y caricias que me enredan.

Hay sueños que te cuentan
y palabras que me delatan,
pensamientos que te hallan
y reflexiones que me disfrazan.

Hay tantos minutos que te evocan
y primaveras que me apartan,
sendas que te acercan
y distancias que me trasladan…

...a ti.