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lunes, 10 de julio de 2017

Ayuda a tiempo

El teléfono empezó a sonar de madrugada, una aceleración de latidos me invadía por dentro. Exploré con mi mano la zona donde supuestamente había dejado el teléfono móvil antes de irme a dormir, fueron solo tres timbres, lo recuerdo perfectamente, solo tres, pero mi mano y mi pereza no fueron lo suficientemente hábiles para llegar a tiempo cuando dejó de sonar. 
Intenté abrir mis ojos con la desgana de un domingo de resaca, busqué torpemente las gafas, observé la hora, las 4:55h. Enfoqué mi vista en el número que aparecía como desconocido, no le di importancia, aunque sentí cierta rabia por ese despertar tan brusco y haberme partido en dos el sueño. Cuando ya empezaba a tranquilizarme oigo el timbre de la puerta, asustada me incorporo de la cama, la persona que estuviese con el dedo pegado al timbre seguía obstinada en que mi cabreo fuese en aumento.



Me dirijo al portero automático y a través de la cámara solo distingo el cuerpo de un hombre escuálido e inquieto pero no consigo ver el rostro, de repente su voz de alarma me describe quien es. Álex, un amigo del barrio y ex compañero de piso de mi hermana Carla. Podía verle la cara manchada de sangre y en sus ojos el reflejo de la urgencia. Le abro la puerta pensando en la mancha que estaría dejando en la alfombra de la comunidad, le hago pasar directamente al baño. 
–Esther, tengo que contarte algo, pero por favor no se lo digas a nadie, por favor prométemelo, por favor dime que se quedará entre nosotros, dime que... 
–¡Shhhh! No hables alto que no son horas, tranquilízate, dime ¿quién te ha hecho esto? 
–Sandro, pero por favor, tienes que prometerme que...
–Tranquilo, cuéntame lo que quieras, te aseguro que de estas cuatro paredes no va a salir tu secreto. 
–Estoy metido en un lío bastante gordo y quiero ponerle remedio hoy.
Mientras le ofrecía un café culpaba a Sandro, un amigo de la universidad que acabó siendo el propietario de un par de locales de copas de la ciudad, fue él quien le ofreció el trabajo más sucio sin él saberlo. Culpaba a Sandro de caer en la venta de algunas drogas, a probarlas, a necesitarlas y a robar para pagarlas. Esa noche confesó que fue él quien robó en casa de mi hermana el dinero recaudado de una feria gastronómica que organizaron juntos. Que se inventó que le habían robado en el autobús aquel billete de 500€ que su padre le dio para que se comprase un ordenador portátil. 
–Esther, te juro que yo no quería, pero yo...
–Mira tío, espero que no hayas venido a interrumpir mi sueño para... 
–No Esther, he venido a ti porque estoy huyendo de una vida que no quiero llevar. Hoy me he encarado a Sandro, he decidido no volver a su local, hoy he decidido no vender más sustancias, ni consumirlas. Hoy vengo a pedirte ayuda.


Este Relato fue finalista en el reto de Planeta Lletra correspondiente al mes de mayo. Una historia donde las pautas siguientes:
Escribir una historia de un máximo de 500 palabras
- que incluya las palabras: billete, secreto y barrio
- y que empiece con la frase: El teléfono comenzó a sonar de madrugada

http://www.planetalletra.org/2017/06/guanyadora-del-repte-del-mes-de-maig.html

martes, 31 de enero de 2012

Amigos hasta ese instante


Querida Amelia
Últimamente vengo a menudo a pasar algunos ratos de silencio a mi apartamento, en casa de mis padres hay mucho ruido y no puedo concentrarme en nada de lo que me propongo, pero aquí es distinto, este minúsculo apartamento está cargado de recuerdos y como diría mi amiga Laura, "de buena onda". Siempre que llego abro sus cuatro ventanas, dejo que entre la luz, se instale conmigo y me haga compañía. Ya sabes que está bien situado y no muy lejos del centro, es por eso que cuando el portero me ve llegar me comenta que debería aprovechar el momento y alquilarlo, él sabe de algún que otro inquilino solvente encaprichado. Yo siempre le sonrío y le digo: No sé Julián, aún no me he decidido. Él lo sabe y yo también, este apartamento es mi único capricho, a parte de fumar claro; sí Amelia, aún no he conseguido dejarlo.
Hoy he revivido algo muy especial nada más entrar y cerrar la puerta he notado tu presencia, bueno, he de reconocer que siempre estás presente, me he dirigido a la cocina para prepararme una taza de café y hasta que me invadiera su aroma he decidido liarme un cigarrillo con un tabaco que mi vecino Aurelio me trajo de unos de sus viajes hace un par de semanas, leyendo la procedencia del mismo y la del café intentaba distraer mi mente de ese nerviosismo interior que se había instalado en el mismo instante que abrí la puerta.
Con la mezcla de aroma y humo me he dirigido al salón, observando las vistas desde el sofá ¿lo recuerdas? Muchos me dicen que ese sofá estaría mejor en la pared de al lado, que es más amplia, incluso que debería deshacerme de él por lo viejo que es, pero yo no les escucho, aquí, en este espacio sólo escucho a mi corazón, y él adora este sofá y lo quiere en el mismo lugar de siempre, sólo él y yo sabemos el por qué. Bueno, cuando leas esta carta tú también lo sabrás. Este sofá aunque te parezca extraño sigue acompañando parte de mis horas de descanso y de lectura. Este sofá conserva los mejores recuerdos que he vivido en este modesto apartamento y los mejores que he vivido junto a ti.
Hoy, subido a lomos de la nostalgia, entre café y nicotina, ha sonado el teléfono y ha sido entonces cuando se ha instalado la imagen de tu cuerpo lánguido sobre el sofá y he empezado a recordar aquel veintisiete de agosto.