miércoles, 3 de mayo de 2017

Desatando tormentas

Si supiera que me observas en el atropello de la gente,
que me percibes cuando se inunda de silencio tu casa,
o en la espera de una carretera en obras.

Si supiera que resbalo en el agua de tu baño,
que me cobijas de la lluvia de este verano lento,
o me cuelo en la letra de una prosa convincente.

Si supiera que me asocias a un aroma,
que humedeces tu almohada alguna noche,
o que asalto tu pensamiento en la butaca de aquel cine.

Si lo supiera...

Provocaría manifestaciones en las calles,
desataría tormentas, deshielos,
sería tu color preferido.

Si lo supiera...

Gritaría sin voz en la cima más alta,
haría revivir a Beethoven,
finalizaría el verano para enfrentarme de nuevo al frío.

Pero aquí indecisa de ti,
observándote sin verte,
oliéndote en la piel de un adiós,
invento tu sonrisa en la mesa,
desayunando café, tostada, tinta...
Y te dibujo en letras lo único que sé.


miércoles, 26 de abril de 2017

Como cada jueves

Como cada jueves espero a Arturo en la cafetería que hay delante del colegio San José, es el único momento de paz que tenemos después de dejar a los niños en su interior. 
Como cada jueves hablaremos de la actualidad política llevándola al humor, de alguna nueva conquista suya o de la última travesura de nuestros hijos mientras damos sorbos a algún que otro café. 
Como cada jueves extraigo mi bloc y la estilográfica que Arturo me regaló como compromiso de volver a dibujar juntos una vez por semana, combatir con trazos tomando siempre la técnica de tinta, el tema lo jugamos a cara o cruz, aunque últimamente nos ha dado por hacer caricaturas de algún futbolista o político y la verdad es que hoy me apetece dibujar algo distinto. 
Mientras ojeo algunos dibujos de mi bloc recibo un Whatsapp de Arturo para comunicarme que se retrasaría al menos 30 minutos. Decido pedir el primer café y empezar mis primeros trazos. Me quedo con la mirada fija en la puerta de la entrada, a esta hora hay poca gente y la música que hay de fondo invita a dejarme llevar por la improvisación. De repente te veo entrar con dos mujeres, una pelirroja y otra con el cabello corto y canoso, ahora la música es cómplice de mi nerviosismo y mi mano torpe ha dejado caer la estilográfica al suelo. A tan solo cuatro mesas de distancia te has sentado de espaldas a mí,  contengo las ganas de acercarme a saludarte, quizás cuando llegue Arturo pueda disimular con algún "pero como puede ser que no te haya visto entrar" y posiblemente tu cara refleje la expresión de "sigues siendo tan cobarde como siempre".
Saboreo el café trazando líneas con rapidez, líneas muy sueltas que hasta a mí me sorprenden, una parada y otro sorbo de café imaginando que en lugar de esperar a Arturo podría asaltar vuestras risas y sentarme en esa silla vacía que queda justo a tu lado, que tu bolso fuese el único objeto que pueda separarme de rozar tu rodilla cuando intentes cruzar tu pierna izquierda, no hay nadie más que tú y… Sigo con los trazos, me apetece más café.
Aparece Arturo con menos retraso de los esperado, tropiezan sus ojos con vuestra mesa y se paran las sonrisas, yo disimulo haciendo más trazos… Y escucho mi nombre y de reojo veo tu cabeza girarse y mi estilográfica de nuevo en el suelo, la recojo mientras visto mi cara de sorpresa, me acerco a los cuatro aunque sin parar de mirarte preparando alguna excusa creíble. La pelirroja parece haberle caído más que bien a Arturo y nos invita a compartir mesa, aceptamos, me propongo a recoger mis cosas y al volver Arturo había ocupado la silla que en mi imaginación me pertenecía. 
Arturo deja su bloc y estilográfica sobre la mesa dando explicaciones de lo que hacemos cada jueves, el bloc empieza a pasar por las manos de la pelirroja, tú reparas que yo llevo otro igual en la mano pero no lo suelto, pedimos café, charlamos, reímos, me hipnotizas,  entra más gente, Arturo mira el reloj, yo me levanto a pagar la ronda de cafés y al volver a la mesa mi bloc está entre tus manos. Me miras, te esquivo, disimulo con Arturo e invento una prisa para separarte de mi bloc, toco tus manos, las mías frías y manchadas de tinta quieren huir de esa situación. Me despido de todos con un nudo en la garganta y la excusa de llevar a Vero a sus clases de inglés. Arturo aprovecha para obsequiar a todas otra ronda de cafés con número de teléfono incluido.
Ya en casa me siento en la terraza disfrutando por poco tiempo de una soledad cronometrada, pensando si el próximo jueves estarás allí de nuevo con la misma compañía de hoy o como mis manos lo hicieron en mi bloc, sola con una silla vacía a tu lado y un bolso que yo retiraría para ocuparla.




jueves, 8 de diciembre de 2016

Siempre a tiempo

Acabo de despertar de un sueño, y no ha sido un sueño cualquiera sino uno de esos que parecen tan reales que hasta sientes escalofríos, de esos que no quieres pellizcarte para sentirte engañado, de esos que al despertar te cambia el ánimo.
Son las 03:40h. Y aquí estoy despierto, emocionado, rabioso, enfermo de latidos, ahogado en llanto, frente a otro cuaderno cada vez menos blanco, hoy 26 de febrero de 1998 quiero dejar escrito lo que he podido sentir durante esos minutos que me han parecido horas, de buena gana me volvería a meter en la cama si me hubiesen dado la opción de seguir en él.
Y es que sigo con el corazón a cien, con los ojos aún irritados de tanta emoción, con las manos temblorosas de creer que tengo una carta tuya entre mis manos, y digo creer porque ahora mismo me arden pensando que se ha quedado todo en ese sueño.
Miro a través de la ventana, posiblemente a estas horas sea la única persona despierta o al menos la única en la calle con la luz encendida preparándose un café con una gran sonrisa y la sensación de estar preparándolo para alguien más. Lo saboreo con una felicidad que hacía tiempo no me invadía, pensando en tu letra, reteniendo cada palabra escrita, como cuando observaba tus apuntes en el colegio.


"Querido Alejandro, te extrañará ver ante tus ojos esta carta. Aún conservo aquella nota anónima que encontré en mi pupitre, me hice la desentendida aún sabiendo en seguida que la habías escrito tú. La he guardado desde entonces en una vieja caja de zapatos donde fueron a parar los mejores recuerdos de mi infancia. De vez en cuando mi mente necesita buscar esta caja y refugiarme en los recuerdos de su interior, fotografías descoloridas, postales invitándome a ciudades, una pulsera de cuero, y una nota anónima, cuando llego a ella cierro los ojos para releerla de memoria y siempre, escúchame bien, siempre acabo llorando pensando en ti. No se me da muy bien esto de escribir pero considero que después de cuarenta y dos años te debo mil y una disculpas. 
Discúlpame por no haber acudido a aquella cita en aquel precioso rincón con los tres cipreses que había justo al salir del patio, por no darte las gracias cada vez que me salvabas de aquellos bordillos que había antes de la pista de baloncesto, por no querer sentarme contigo cuando me reservabas el asiento detrás del conductor en el autobús, por no dejar que me ayudases con las matemáticas, por no reconocer que me gustaba competir contigo en la cancha de tenis, por ayudar a mi timidez cada vez que tu mirada me buscaba, por obligarte a escuchar mis canciones preferidas sin preguntar si te gustaban, por no observar contigo la luna llena cuando volvíamos tarde a casa dejando la pandilla atrás, por no haber dejado oír en mis oídos un te quiero de tus labios, por no aprenderme de memoria la huella de tus dedos, por no saber cómo hueles, por no tropezarme con tus besos cada mañana, por tantas y tantas cosas que rechacé de ti, hoy, después de tantos años estoy respondiendo a aquella nota anónima. Siento no haber respondido a tiempo".


Memorizada y escrita. Sigo temblando como cuando te observaba de niño recorrer las calles y salidas de colegio, sigo emocionado y con ganas de no olvidar esta noche, parece que te he tenido aquí, frente a frente, deseo gritar y me contengo. Voy a intentar dormir un rato, a ver si estoy a tiempo de encontrarte en mis sueños, no dudes que allí te espero mi amor.