Mostrando entradas con la etiqueta dibujo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dibujo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de abril de 2017

Como cada jueves

Como cada jueves espero a Arturo en la cafetería que hay delante del colegio San José, es el único momento de paz que tenemos después de dejar a los niños en su interior. 
Como cada jueves hablaremos de la actualidad política llevándola al humor, de alguna nueva conquista suya o de la última travesura de nuestros hijos mientras damos sorbos a algún que otro café. 
Como cada jueves extraigo mi bloc y la estilográfica que Arturo me regaló como compromiso de volver a dibujar juntos una vez por semana, combatir con trazos tomando siempre la técnica de tinta, el tema lo jugamos a cara o cruz, aunque últimamente nos ha dado por hacer caricaturas de algún futbolista o político y la verdad es que hoy me apetece dibujar algo distinto. 
Mientras ojeo algunos dibujos de mi bloc recibo un Whatsapp de Arturo para comunicarme que se retrasaría al menos 30 minutos. Decido pedir el primer café y empezar mis primeros trazos. Me quedo con la mirada fija en la puerta de la entrada, a esta hora hay poca gente y la música que hay de fondo invita a dejarme llevar por la improvisación. De repente te veo entrar con dos mujeres, una pelirroja y otra con el cabello corto y canoso, ahora la música es cómplice de mi nerviosismo y mi mano torpe ha dejado caer la estilográfica al suelo. A tan solo cuatro mesas de distancia te has sentado de espaldas a mí,  contengo las ganas de acercarme a saludarte, quizás cuando llegue Arturo pueda disimular con algún "pero como puede ser que no te haya visto entrar" y posiblemente tu cara refleje la expresión de "sigues siendo tan cobarde como siempre".
Saboreo el café trazando líneas con rapidez, líneas muy sueltas que hasta a mí me sorprenden, una parada y otro sorbo de café imaginando que en lugar de esperar a Arturo podría asaltar vuestras risas y sentarme en esa silla vacía que queda justo a tu lado, que tu bolso fuese el único objeto que pueda separarme de rozar tu rodilla cuando intentes cruzar tu pierna izquierda, no hay nadie más que tú y… Sigo con los trazos, me apetece más café.
Aparece Arturo con menos retraso de los esperado, tropiezan sus ojos con vuestra mesa y se paran las sonrisas, yo disimulo haciendo más trazos… Y escucho mi nombre y de reojo veo tu cabeza girarse y mi estilográfica de nuevo en el suelo, la recojo mientras visto mi cara de sorpresa, me acerco a los cuatro aunque sin parar de mirarte preparando alguna excusa creíble. La pelirroja parece haberle caído más que bien a Arturo y nos invita a compartir mesa, aceptamos, me propongo a recoger mis cosas y al volver Arturo había ocupado la silla que en mi imaginación me pertenecía. 
Arturo deja su bloc y estilográfica sobre la mesa dando explicaciones de lo que hacemos cada jueves, el bloc empieza a pasar por las manos de la pelirroja, tú reparas que yo llevo otro igual en la mano pero no lo suelto, pedimos café, charlamos, reímos, me hipnotizas,  entra más gente, Arturo mira el reloj, yo me levanto a pagar la ronda de cafés y al volver a la mesa mi bloc está entre tus manos. Me miras, te esquivo, disimulo con Arturo e invento una prisa para separarte de mi bloc, toco tus manos, las mías frías y manchadas de tinta quieren huir de esa situación. Me despido de todos con un nudo en la garganta y la excusa de llevar a Vero a sus clases de inglés. Arturo aprovecha para obsequiar a todas otra ronda de cafés con número de teléfono incluido.
Ya en casa me siento en la terraza disfrutando por poco tiempo de una soledad cronometrada, pensando si el próximo jueves estarás allí de nuevo con la misma compañía de hoy o como mis manos lo hicieron en mi bloc, sola con una silla vacía a tu lado y un bolso que yo retiraría para ocuparla.




lunes, 25 de junio de 2012

No estaba en nuestro destino

Hoy acuso a la luna si es que hay que echarle la culpa a algo o alguien por haberte traído una vez más a mis noches silenciosas que ya empiezan a ser monótonas. Anoche sentado en este sillón, intentaba no sacarle más conclusiones a lo que soñé o creí ver cuando observaba el cielo estrellado, estaba realmente maravillado ante la inmensidad de la vía láctea cuando cerré mis ojos para evitar disfrazar mis pensamientos; no, no puede ser que intentando deshacerme de tensiones aparezcas dibujada entre las estrellas, anoche no me hizo falta pincel alguno para encontrarte entre Marte y Saturno. Tuve que cerrar los ojos porque creía volverme loco ante tanto centelleo que me persuadía dibujándome la silueta de tu cuerpo, hasta esa brisa veraniega se camufló haciéndose pasar por tus manos y sentí tal sacudida en mi cuerpo que me hizo llorar, siempre apareces cuando menos me lo espero, cuando menos preparado estoy para recibirte. ¿Y cuándo lo estoy? Siempre te cuelas con esa maestría y destreza para invitarme a un último abrazo, ese que quedó pendiente precisamente una noche de verano. Me levanté con la intención de que la cama me ayudase a mitigar esa angustia, me tumbé y el techo impregnado de luna me trajo de nuevo esa sensación de sentirme aún más culpable por haber atendido aquella mujer que resbaló cerca del andén y tuve que acompañar al centro sanitario más cercano, ese gesto amable hacia aquella desconocida hizo que no pudiese despedirme de ti, perdí mi tren para que tú no perdieras el tuyo. Posiblemente nunca te llegue esta carta ni llegues a saber que no fue mi intención no aparecer por aquella estación, llevaba en ella más de dos horas, intentando memorizar alguna despedida sin torpeza, secándome el sudor inoportuno de las manos que la cobardía provoca. Por lo visto no estaba en nuestro destino vernos ni despedirnos ese día, como tampoco abrazarnos.


jueves, 14 de junio de 2012

Desempolvando recuerdos



Llega el buen tiempo y toca hacer una limpieza más general a este apartamento, como cada año una limpieza más profunda, sacar lo mejor y lo peor de los rincones, extraer y remover recuerdos causados por pertenencias que ya ni nos pertenecen, limpiarle el polvo a las dudas, sacarle el brillo a las causas y motivos por las que se quedaron en eso, en recuerdos. Al final para volver a meterlo todo en cajas y encontrármelo de nuevo en la próxima limpieza y volverme a enojar por no haber eliminado tanto trasto dañino, de nuevo volveré a mirarlo todo con atención y le echaré la culpa a la música, a esas notas que se cuelan y localizan nuestras más recónditas células sensibles y nos traen el pasado como si lo estuviésemos viviendo ahora, como los sueños, como esos pensamientos, toda una serie de imágenes inexistentes y engañosas que casi puedes tocar.
Hacía tiempo que no sentía mis diecisiete años tan cerca, las manos de Iván han tenido la culpa, o mejor dicho, las notas de su piano. Iván es el hijo de un vecino que irrita al vecindario con su aprendizaje y ensayos, aunque he de decir que a mí nunca me molestó, quizás porque noto como prospera día a día, nadie nace enseñado y mucho menos para la música.

jueves, 26 de enero de 2012

Otorgándose

Sentada en el sofá de esa peluquería, a la espera de su turno, ojeando revistas de estilos nada parecidos al suyo,  sacaba un bloc, una minúscula cajita con unos lápices y una goma,  podías verla resistiéndose al lápiz, al sonido de sus trazos sobre el papel un tanto rugoso, observaba cada átomo de luz sobre un papel de revista brillante para reproducirla en su cuaderno. ¡Crear por crear! -me comentaba-, que sepas que esto sólo me sirve de terapia, quiero curarme de una angustia insistente, quiero olvidar mi falta de lucidez por dejar irse de mi lado la persona que más me hizo sentir, quiero otorgarle a mi egoísmo este placer en el que sólo se implican mis manos, sólo estoy yo. Con un lamento en sus ojos se incorporó para dirigirse al lavacabezas, yo me quedé observando la misma revista que había tenido ella en sus manos y entre sus hojas quedó olvidado un pequeño lápiz azul. Se lo acerqué, me dio las gracias y arrancó de su cuaderno lo que hacía unos minutos había estado bocetando.


jueves, 27 de octubre de 2011

Intentando dibujar a E. Hopper

Abriendo un cajón han aparecido algunos dibujos y bocetos hechos por mi amiga y eso me ha hecho recordar cuando íbamos a tomar café "unas cuantas mamás" todos los viernes después de dejar los niños en el colegio, hacíamos tiempo en una cafetería cercana para volverlos a recoger, así que teníamos por delante dos horas y media para poner el mundo al revés, permanecíamos sentadas alrededor de una minúscula mesa fría de mármol donde sólo había espacio para seis tazas, un servilletero y una servilleta estampada de trazos nuevos.