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miércoles, 3 de mayo de 2017

Desatando tormentas

Si supiera que me observas en el atropello de la gente,
que me percibes cuando se inunda de silencio tu casa,
o en la espera de una carretera en obras.

Si supiera que resbalo en el agua de tu baño,
que me cobijas de la lluvia de este verano lento,
o me cuelo en la letra de una prosa convincente.

Si supiera que me asocias a un aroma,
que humedeces tu almohada alguna noche,
o que asalto tu pensamiento en la butaca de aquel cine.

Si lo supiera...

Provocaría manifestaciones en las calles,
desataría tormentas, deshielos,
sería tu color preferido.

Si lo supiera...

Gritaría sin voz en la cima más alta,
haría revivir a Beethoven,
finalizaría el verano para enfrentarme de nuevo al frío.

Pero aquí indeciso de ti,
observándote sin verte,
oliéndote en la piel de un adiós,
invento tu sonrisa en la mesa,
desayunando café, tostada, tinta...
Y te dibujo en letras lo único que sé.


viernes, 7 de diciembre de 2012

Cadillac solitario


Llegó asustada, aturdida, reconocí su voz al hablar con la enfermera en la ventanilla de la sala de urgencias, escuché como le decía que había venido sola, que las molestias que sentía le habían sorprendido entre la pescadería y la panadería, que no atinaba a llamar por teléfono a su marido o hijos; mientras la enfermera la tranquilizaba me detuve para interrumpir la conversación, agregué que yo la conocía y quería ser la acompañante hasta que llegasen sus familiares, fue una casualidad que me encontrase allí, justo cuando marchaba de mi cita de traumatología. Ana me miró sorprendida y me abrazó con gran entusiasmo, como si hubiese visto a su ángel de la guarda, la verdad es que me pregunto la de veces que ella llegó a ser el mío. Hicieron pasar a Ana para un reconocimiento de urgencias, a mí me pidieron que estuviese atenta en la sala de espera, todo apuntaba a un posible infarto, me quedé con las pocas pertenencias de Ana, una bolsa isotérmica con pescado en su interior, una barra de pan en una bolsa de lino y su bolso, me senté y busqué el teléfono en el bolso de Ana para llamar a Fernando, su marido. Observando los números de teléfono empecé a hacer un recorrido por el recuerdo, por sus caras, sus voces, es increíble lo bien que recuerdas las cosas vividas durante la infancia.
Ana ha sido siempre una gran amiga de la familia que dejé de ver justo unos meses antes de marcharme a vivir a México. Ella y su marido tienen tres hijos, dos chicas, Elvira la mayor nacida justo un año después de su boda y Sonia que vino dos años después de nacer Elvira; ocho años más tarde, cuando ya no creían poder ver más niños correteando por la casa, Ana volvió a quedarse embarazada de Ricardo, el hijo menor. Ricardo y yo nacimos el mismo día, en el mismo hospital y con una hora de diferencia. Mi madre y Ana se conocieron en una sala de pre-parto del hospital y ahí empezó una pequeña amistad hasta la fecha, una amistad que fue anidándose en tardes de cafés, guarderías y colegios.

viernes, 6 de julio de 2012

Cuestión de... sensibilidad

Desde que dio la noticia de que su nuevo disco estaba calentito esperando la promoción, empezamos a planear la compra del mismo y por supuesto asistir al menos a la firma de discos; donde la gente sin tener suficiente, preguntaría por las fechas de sus conciertos. Qué grande es esta mujer, si tengo que expresar lo que siento al escucharla tendría que inflar las palabras para quedarme a la altura de sus letras y eso es imposible, lo que ella compone y recompone nos puede haber pasado a cualquiera. Con sus letras sientes como un escaneado interior, un alboroto del juicio y una avergüenza en la piel. Sus acordes impregnan este espacio que respiro; su voz le regala abrazos a mi alma.
Ella nos deleita con sus letras y acordes y se lo agradecemos con aplausos en sus actuaciones, comprando sus discos, siguiéndola en redes sociales, etc. Hoy mi aplauso se convierte en una ilustración que he realizado con el permiso de mis ganas y la única pretensión que disfrutar haciendo lo que más me gusta, dibujar.
Mientras la dibujaba sonaban sus tres discos en mi iPod y pensaba en describir a Vanesa Martín como persona, pero no podría porque sólo he mantenido con ella dos encuentros agotando pilot's entre firmas, pero creo que detrás y delante de ese aspecto bohemio que luce con una sencillez natural, aflora una llaneza especial, la que refleja luego en sus canciones. 


Ojalá siga sorprendiéndonos y escandalizando mis sentidos muchos discos más. Mucha suerte en tu larguísima carrera Vanesa.