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jueves, 24 de enero de 2013

La distancia

Llevaba días queriendo pasar por la ferretería y hacer esas pequeñas compras que se aplazan por falta de tiempo o aparcamiento, pero teniendo la tarde libre no puse excusas. Necesitaba una goma nueva para la cafetera, unas arandelas para unos tubos del lavadero y hacer la copia de una llave para el cuarto trastero y para rematar la tarde, me pasaría a recoger unos papeles por la gestoría.
La casa de mi tía Cándida quedaba cerca de mi trayecto así que decidí hacerle una visita. La encontré sola, rodeada de unas cajas de lata donde antes de tener fotos antiguas estuvieron llenas de infusiones o galletas. Al ver que tenía una tetera hirviendo en la cocina le propuse compartir con ella un té acompañado de algunas vivencias en imágenes, se levantó contenta y con agilidad dejando unas pilas de fotos encima de la mesa, la de veces que repasará esas fotos.
Siempre ha sido muy aficionada a la fotografía, no recuerdo haberla visto muchas veces sin una cámara en la mano, decía que el fotógrafo aficionado siempre debe estar preparado porque nunca sabe cuando le otorgará el momento una buena instantánea, lo mismo le hacía fotos a un paraje que a personas, a un gato que a una nube, para ella todo está en un punto de mira idóneo para ser plasmado. Aunque con los móviles actuales no creo que hubiese disfrutado, ella prefiere la robustez de una cámara y a ser posible réflex.
Se sentó a mi lado haciéndole hueco entre tanta fotografía a una bandeja que portaba dos tazas de té y un platito con galletas de canela hechas por ella, la repostería es otro de sus hobbys. La sala se ambientaba con música de Roberto Carlos, creo que de pequeño me aprendí algunas de sus canciones de tanto como se escuchaban en casa de mis abuelos.

viernes, 6 de julio de 2012

Cuestión de... sensibilidad

Desde que dio la noticia de que su nuevo disco estaba calentito esperando la promoción, empezamos a planear la compra del mismo y por supuesto asistir al menos a la firma de discos; donde la gente sin tener suficiente, preguntaría por las fechas de sus conciertos. Qué grande es esta mujer, si tengo que expresar lo que siento al escucharla tendría que inflar las palabras para quedarme a la altura de sus letras y eso es imposible, lo que ella compone y recompone nos puede haber pasado a cualquiera. Con sus letras sientes como un escaneado interior, un alboroto del juicio y una avergüenza en la piel. Sus acordes impregnan este espacio que respiro; su voz le regala abrazos a mi alma.
Ella nos deleita con sus letras y acordes y se lo agradecemos con aplausos en sus actuaciones, comprando sus discos, siguiéndola en redes sociales, etc. Hoy mi aplauso se convierte en una ilustración que he realizado con el permiso de mis ganas y la única pretensión que disfrutar haciendo lo que más me gusta, dibujar.
Mientras la dibujaba sonaban sus tres discos en mi iPod y pensaba en describir a Vanesa Martín como persona, pero no podría porque sólo he mantenido con ella dos encuentros agotando pilot's entre firmas, pero creo que detrás y delante de ese aspecto bohemio que luce con una sencillez natural, aflora una llaneza especial, la que refleja luego en sus canciones. 


Ojalá siga sorprendiéndonos y escandalizando mis sentidos muchos discos más. Mucha suerte en tu larguísima carrera Vanesa.

jueves, 14 de junio de 2012

Desempolvando recuerdos



Llega el buen tiempo y toca hacer una limpieza más general a este apartamento, como cada año una limpieza más profunda, sacar lo mejor y lo peor de los rincones, extraer y remover recuerdos causados por pertenencias que ya ni nos pertenecen, limpiarle el polvo a las dudas, sacarle el brillo a las causas y motivos por las que se quedaron en eso, en recuerdos. Al final para volver a meterlo todo en cajas y encontrármelo de nuevo en la próxima limpieza y volverme a enojar por no haber eliminado tanto trasto dañino, de nuevo volveré a mirarlo todo con atención y le echaré la culpa a la música, a esas notas que se cuelan y localizan nuestras más recónditas células sensibles y nos traen el pasado como si lo estuviésemos viviendo ahora, como los sueños, como esos pensamientos, toda una serie de imágenes inexistentes y engañosas que casi puedes tocar.
Hacía tiempo que no sentía mis diecisiete años tan cerca, las manos de Iván han tenido la culpa, o mejor dicho, las notas de su piano. Iván es el hijo de un vecino que irrita al vecindario con su aprendizaje y ensayos, aunque he de decir que a mí nunca me molestó, quizás porque noto como prospera día a día, nadie nace enseñado y mucho menos para la música.