domingo, 14 de febrero de 2016

Habría preferido verte

Creo que habría sido más útil quedarme otro día más en cama que pasar otro sábado como el de hoy. Y lo que tengo claro es que no vuelvo a ir un sábado al supermercado por muy mal que esté mi nevera, resulta casi imposible moverse por los pasillos con un carro que parece llevarte en dirección opuesta a los productos que quieres comprar, y si sumamos la gente haciendo más inaccesible esos pasillos, las constantes ofertas por megafonía y las colas para pagar me deja aún más claro que los sábados debo dedicarlos a otras cosas más relajantes. Para colmo nada más llegar veo una nota en mi buzón, algo extraño ya que la única correspondencia que me hace abrir ese artilugio es la de la compañía eléctrica. Ha sido ver tu letra y se me ha caído una de las bolsas que llevaba en la mano, si es que el corazón no lo tengo acostumbrado a ciertos golpes del destino. 
Me apresuré a entrar en casa y leer las escasas palabras encendiéndome un cigarro. "Hola Pablo, pasaba por aquí y... pero otra vez será! Me habría gustado verte, un abrazo y un beso enorme"
Tu letra tan bonita como siempre y tan fresca como el aroma que aún desprendía, la he leído una y otra vez, analizando cada palabra, qué le habrá hecho pasar por aquí dejando unos puntos suspensivos, cuándo será esa próxima vez, por qué quería verme, cómo de grande  sería ese abrazo... ¿y el beso? 
He recogido la compra, he metido una lasaña pre-cocinada en el horno y he abierto una botella del Somontano para celebrar que hoy habría podido verte si no hubiese sido por ese maldito virus que me ha cambiado mi rutinario fin de semana. Bebo un primer sorbo y pienso que al menos tengo algo tuyo, que a mí también me habría gustado verte, que ahora me muero de ganas por esa próxima vez para poder aferrarme a ese enorme abrazo y... ¿el beso?

domingo, 22 de noviembre de 2015

Insomnio crónico

Hay tantos días como hoy, tantos en los que me invade la compañía de tu ausencia, tantos evocando el aroma de aquella tarde buscando tu mano, el brillo de tus ojos esperando un ruego, el recuerdo de esa sutil sonrisa en tus labios, esos que nunca rocé ni besé.
Tantos días en los que puedo escuchar tus pasos sobre mi almohada golpeando mis sueños, tantos descifrando tus silencios cuando estábamos tan cerca, días en los que se amontonan palabras regaladas sin recibir otras a cambio, quizás ni las leíste, quizás no lo afronté.
Tantos días en los que escribirle a un cuaderno mudo me va salvando de esta inoportuna nostalgia, de este desvelo acostumbrado a la oscuridad de mi cuarto, donde certifico que no es beneficioso amarte mientras no quiera dejarlo de hacer.
Tantos días dándome cuenta que no llegué a la cita ni a la meta, que te aguardé en el andén equivocado cuestionándome si me buscabas o te encontré, si me tocaste o me lo inventé.
Tantos días tatuando tu nombre en mis pupitres y libros, tantos días subiendo y bajando, confiando y dudando, hay tantos días como hoy, tantos pensando en pensarte por última vez.

sábado, 17 de enero de 2015

Este enero tampoco quiero

Hoy paseaba mis silencios por el parque y me he encontrado con Javier y Sandra ataviados con lo último en ropa deportiva siendo fieles a sus propuestas típicas de este mes de enero, no he querido entorpecer su ritmo más que para desearles lo mejor en este nuevo año recién estrenado. Viéndolos tan compenetrados me he acordado de aquellos rumores en la pandilla, por aquel entonces ninguno de nosotros habría apostado por aquella relación más de cinco años, pero ahí están, compartiendo juntos hasta el derribo del colesterol acumulado en Navidad. 
De vuelta a mi absorto paseo he pensado en la cantidad de gente que me adelantaba corriendo o montada en bicicleta, la verdad es que rodeado de tanto movimiento hoy puedo declararme un fósil.
Sólo he aligerado el paso por el impulso de llegar a casa con más ganas de agotar alguna tinta en mi cuaderno, y es que para mí todos los eneros son iguales, no hay manera de comenzar uno nuevo proponiéndome retomar inglés, subir los tres pisos sin usar el ascensor, cambiar de dieta, no encender más luces de la cuenta, exhalar mi tristeza por la ventana, abrir más los ojos, mencionar más "te quiero", sonreírle al mundo, regalar abrazos en temporada baja, desterrar algunos miedos, no poner tu nombre en mis canciones favoritas, pensarte menos y olvidarte más; no, este enero tampoco quiero.

sábado, 12 de abril de 2014

Robando puntos cardinales

De norte a sur y de este a oeste he ido dejando reflexiones, pactos, bosquejos y cosas por fotografiar. Le he robado a Huelva algo de su sierra entre el azafranado río Tinto, atardeceres en playas extensas y esa gracia con olor a sal.
A Cádiz un poco de su chispa, algo de sus marismas, y esa Doñana mimada entre dunas de pinares, retamas y lavanda. A Sevilla una pizca de su cielo extenso, olor a jara y azahar, un poquito de incienso y ensayos cofrades de Semana Santa.
Agradecida a ese Trujillo victorioso por haberse dejado conquistar, y que no se ponga celoso por desgastar las dehesas y robarle a Cáceres su románica belleza.
Al resto de lugares que por falta de horas han quedado en la agenda o pasé por casualidad. he dejado una fortuna en miradas, una cuantía de suspiros y un "aquí hay que regresar".

domingo, 6 de abril de 2014

Necesito un pueblo

Cada vez que te escucho decir —¡nos vamos cuatro días al pueblo!— pienso que se me escapa otra oportunidad, y mientras pienso en como retenerla ya te has ido.
Si pudiese fabricar la valentía no me habría tirado cuatro días preparando una carta para pedirte que no te fueras o incluso para decirte que aunque te vayas seguiré esperándote, de nuevo en mis manos una carta que no tocará las tuyas, una carta que describirá mis miradas mudas y mis silencios sordos, una carta con palabras ciegas que se han acostumbrado a quedarse aquí, dejándome el sabor de no haber encontrado el momento por no reconocer que no encontré el valor.
Hace cuatro días que te fuiste y sigues en ese pueblo que he llegado a odiar sin tan si quiera visitarlo, aunque sé que no es odio sino celos, celos de pensar que ese chico que tanto nombras a tu vuelta haya conseguido más en cuatro días que yo en tantos años a tu lado.
Lo reconozco, necesito un pueblo donde jugar en callejuelas blancas y silenciosas siestas, un pueblo donde esconder mis miedos en sembrados de trigo con amigos nuevos, un pueblo con desayunos sin prisas y cenas sin horas, un pueblo con bicicletas sin frenos y libélulas sorteando charcos, un pueblo con olor a lavanda y jazmín, o lo que es lo mismo, necesito un pueblo donde poder olvidarme de ti.

domingo, 9 de marzo de 2014

Creciéndose

De nuevo está ahí, creciéndose a los ojos de quien la observa, mostrando la copia exacta de sus valles, la luz ceniza entre sus montañas, de nuevo en silencio converso con ella, la someto a preguntas como lunático que soy. Me paso los meses imitándola, repitiendo mis fases melancólicas hablándole de ti y ella celosa de mis propósitos se oculta tras una nube para evitar juzgarme. Ahí está fiel a sus citas, compañera eterna de esta bola azul, misteriosa y bella, con su singular ciclo naciendo y envejeciendo cada veintiocho días, girando sobre sí enmascarando su edad.
De mí no puedo decir lo mismo, día tras día, mes a mes, año tras año veo mi rostro deteriorarse, todo merma en mí, empiezo a quedarme estancado, a sentirme añejo como este amor longevo superviviente entre tantos renglones.
Dónde quedan las ganas de hacer partidos con mis amigos, mi afán de superarme ante cualquier proyecto, mi apetito en general, todo en mí va perdiendo fuerza y sentido, todo menos este pensarte en cualquier parte, en verte en cualquier color, en sentirte entre tanta gente, en recordarte en cualquier canción.
Aquí estás, desordenando cada verbo de estas líneas estampadas de torturas mentales que no son más que réplicas de una reiterada emoción.
Ahí sigues, creciéndome por dentro, desorientándome el pulso, capitaneando mis noches como esta luna que me observa atenta para luego evitarme tras su velo blanco mientras le guiña el ojo a alguna constelación.


martes, 22 de octubre de 2013

Puntos suspensivos

Ella se excusó en ansiolíticos, él en su afán de verla feliz...
Ella pensó que el tiempo... él en robarle sus pastillas.
Ella que si falta de espacio... él haciendo hueco a sus evasivas.
Ella huyó con sonrisa hipnótica... y él se acabó de hundir...

El reloj siguió su ciclo...

Ella se expatrió a sí misma...
Y él...

Se le ve renovado, receptivo al cambio, abandonado a sus ganas de vivir, atendiéndose a sí mismo sin la farsa de su amada.
Vengándose de aquel hechizo siendo lo que quiso ser, escuchando a sus entrañas y tirando la llave de aquella puerta cerrada.
Iluso pensó que dándole tiempo y cediéndole espacio ella regresaría, pero no contó con que el tiempo se caduca en el baúl de las oportunidades y el espacio lo reemplaza el amor propio, que por ser propio siempre lleva ventaja.
Por fin perdió ese silencio gris y aquella escarcha en la cara, consumido por la debilidad de aquellos ojos que encarcelaron su vida y sus esperanzas.

Ella creyó en otro intento... él esquivó repetir...
Ella retomó su desprecio... y él se alegró de vivir.

domingo, 25 de agosto de 2013

Oferta y demanda


En el mercado de los sueños
he puesto de oferta mi cordura,
liquido sentimientos
y malvendo la locura,
a ver si los errores cicatrizan,
la impaciencia busca calma,
la vergüenza y la prudencia
a la osadía se declaran.

Date prisa que se acaba
llevo barato el corazón,
hoy, un tres por dos en abrazos,
mañana, envaso al vacío la emoción,
se puede pagar con besos,
o un cheque del querer,
un vale si es por afecto,
para halagos con un pagaré.

En el mercado de los sueños
me apetece estar despierta,
por si las palabras que me grito
huyen y luego entran,
dejaré un camastro en el suelo
por si decides volver,
y el deseo y la ternura
quieren cita de ocho a diez.

lunes, 19 de agosto de 2013

Sobraban motivos

Fue una tarde de agosto,
de frescura fundida,
cielo color papaya
tras apagarse el sol.

Adolescencia agitada,
miradas borrachas
de un primer amor,
de un te quiero mudo,
de un lleno de dos.

Nos faltó abrir la puerta
a besos nuevos,
sacudir nuestros miedos,
caminar de la mano,
traducir el silencio
y fumarnos el tiempo.

Nos faltaron promesas
sin mirar el reloj,
desnudar los abrazos
derrocharnos por dentro,
dibujarnos caricias
olvidando el afecto.

Se agotó la tarde,
el cielo acicalado de noche,
testigo sigiloso de
latidos y silencios,
de oportunidades dormidas
para contar estrellas,
conversar con la luna
por un cuándo, un por qué,
sí sobró un yo me quedo
o faltó un quédate.