domingo, 31 de marzo de 2013

Rendición

Fueron escasos segundos los que me mantuve poseído ante aquellos ojos verdes.
—¡Qué sorpresa Elena! Adelante, pasa, me cambio de zapatos y luego  si te parece bien podemos ir a tomar algo—, avancé por el pasillo que llevaba al salón, Elena se encargó de cerrar la puerta mientras se quejaba:
—Pero bueno, ¡qué bienvenida es esta! llevamos meses sin vernos y...
Tenía razón, me había pillado tan de sorpresa su llegada que se me había olvidado saludarla como de costumbre, me giré, puse un par de dedos en sus labios a modo de silencio y luego impulsivamente la abracé, fue un momento sumamente especial, momento en el que tuve claro que si me ofrecían un último deseo antes de morir querría que fuese estar entre sus brazos. Elena interrumpió aquel trance poniendo sus manos a ambos lados de mi cara y mirándome a los ojos me dijo:
—No pensarías que me iba a quedar sin ver tus ojos mientras me vuelves a contar lo de tu viaje a Pekín para ver a... ¿cómo se llama?
Elena tenía la peculiaridad de advertir si mentía con sólo mirarme a los ojos, aquel abrazo hizo que ni me acordase de lo que me había inventado hacía unos minutos para no acudir a su boda, pero si Elena seguía mirándome así conseguiría descubrirme; de momento tenía que solventar que a mi mentira le faltaba el nombre de una mujer, escuché a la vecina de arriba moviendo muebles y elegí si pensarlo su nombre.
—¿Te refieres a Olga? —Disimulé entrando en mi habitación en busca de mis All Star, cuando alcé la vista encontré a Elena chafardeando en mi cuarto mientras me regalaba el aroma fresco y peculiar de su piel.
—Bien, primera pista, me temo que tendré que hacer de policía para poder sacarte algo más que su nombre.
La astucia de Elena iba más deprisa de lo que presentía, tenía que darme prisa para salir de aquella habitación, cualquier despiste mío lo utilizaría para sonsacarme la verdad.
—Si hubiese sabido que venías habría ordenado un poco este cuarto. Bueno cuando quieras marchamos,  ¿no te apetece una cerveza bien fresca?—. Ella seguía inmersa con sus cinco sentidos moviendo cualquier objeto que pudiese darle pistas de algo nuevo en mi vida, se fijó en una foto enmarcada que había en una estantería, una foto que nos hizo mi padre en la playa cuando teníamos escasos siete u ocho años, en ella estábamos mi hermana Carlota, ella y yo.
—¡Uy, cuánto tiempo hace ya de esto! ¿Y cómo es que tienes esta foto aquí?
—Fue un regalo de Carlota en mi vigésimo cumpleaños, ¿recuerdas que ese día vinieron a rescatar un cachalote que quedó varado en la orilla? Carlota lo pasó muy mal ese día viendo que no podían hacer nada por aquel cetáceo, creo que aquel trauma hizo que se apasionase por la biología marina, siempre dice que esa foto significó un comienzo para ella.
—No me extraña, está preciosa en esta foto, siempre tan morenita.
—Tú también estás guapísima aunque un tanto triste.
—Bueno, triste estamos los tres, lo que llegamos a llorar al ver la agonía de aquel animal. Y lo bien que captó tu padre ese momento de angustia e incertidumbre. ¿Habría posibilidad de tener una copia?
—Supongo que sí, moveré cielo y tierra pero ahora ¿qué tal si nos marchamos? dice una leyenda urbana que a partir de las ocho de la tarde ya no queda cerveza en El Xiringuetti.
—¿No tienes cervezas en casa? Es que no me apetece mucho salir.
—Venga mujer, ¿cuánto hace que no compartimos una birra juntos? además, es viernes—, impulsivamente la cogí de la mano dirigiéndome hacía la salida mientras ella seguía haciéndome preguntas:
—¿Por qué no tienes alguna foto de Olga en tu habitación?
—Sencillamente porque no necesito tener a mi familia haciéndome preguntas sobre ella, ya tengo bastante contigo, además, llevamos poco tiempo y...

lunes, 11 de marzo de 2013

Con el verbo estar en...

Buenos Aires
16 de junio de 1965

Hoy iba a ser un día normal si no llega a ser porque al salir de casa he visto correspondencia en el buzón, mis manos torpes por el frío no atinaban a coger el sobre, quizá porque en seguida he reconocido tu letra, ha sido tanta mi alegría que la he leído tres veces, una de ellas en el mismo portal. La he llevado conmigo todo el día ubicada en un bolsillo de mi chaqueta pegada a mi pecho y he tenido la sensación de llevar un imán que hacía bailar mis latidos a un ritmo desconocido; he de reconocer que no estoy acostumbrado a recibir correspondencia y la emoción me ha dejado un tanto desconcertado. Como iba sobrado de tiempo me he parado a tomar un café con la excusa del frío y así leerla por segunda vez ¡qué bien has camuflado tu perfume entre esos renglones!
Tus palabras reflejan añoranza de un amigo que acudía a escuchar tus problemas y centelleos de amores que no tenían mi nombre. Me he quedado ausente entre tu perfecta caligrafía y he notado el amor sentado al lado de mi soledad, esta soledad que conversa con mi ausencia de ti, que respira algún que otro no te olvido y se resguarda en besos que deseé sin tú saberlo. Por eso acepté este trabajo tan lejos de ti, de todo, lejos de un mundo que empezaba a notar sólo tuyo.
Dudo que las palabras que acabas de leer te sorprendan, sí, lo voy a hacer en esta primera carta, en respuesta a la tuya. Pon el verbo estar en todas sus conjugaciones antes de… enamorado de ti. No pienses que me anticipo, es que me gusta escribir cuando la emoción está reciente, sé que a estas alturas no vas a cruzar el charco y corresponderme con un abrazo y quedarte conmigo para siempre, pero era imprescindible que supieses lo que siento.
Muchas veces culpo esta nostalgia por no tener aquí más que a un tío abuelo casado con una mestiza argentina y dos primos que empiezo a conocerlos prácticamente desde ayer. Añoro a todos los que dejé atrás pero sobretodo le extraño a vos. ¡Ya se me empezó a pegar el acento de acá!
Pasearme por esta melancolía es lo único que hago cuando llego a casa, escribo y describo mi desconsuelo en borradores de papel que luego tiro, quemo o abandono entre libros.
Quererte me abre la mente y me cierra puertas de posibles conquistas, por qué negar que voy sorteando cada cebo que me impone la tentación, huyendo de mí mismo por no renunciar a ti. Y ya que empecé con la sinceridad te diré que apareces hasta en sueños donde planeo con mis manos sobre el atlas de tu cuerpo, donde mi deseo descansa en tu ombligo y concluye luego entre tus muslos para desafiar así la distancia que me separa del calor de tu piel… Como ves tu carta ha traído algo más que tinta y letras, más que aquella imagen de despedida en una estación.
Hoy caminando por las calles de este Buenos Aires, tan querido en las canciones de Gardel, iba observándome en algún que otro escaparate y he visto algo de felicidad en este rostro que estrenaba hoy un nuevo color en sus mejillas. Hasta cuando he llegado al trabajo mi compañero ha notado algo distinto en mí, como si me hubiese dejado por primera vez el mal humor de las mañanas encerrado en el piso, se ha puesto tan pesado que le he tenido que enseñar el motivo del peculiar cambio en mi carácter. Acto seguido ha empezado a bromear conmigo intentando tener alguna ocasión para robarme el único tesoro que tenía desde que llegué aquí, tu carta, esta que con su llegada me ha aferrado a una fe que no traía y ahora la escucho haciéndose amiga de un anhelo y un volver a verte.
Después de esto no sé si habrá una segunda correspondencia con tus puntos y comas, con tus elegantes haches y entrometidas emes, con tus risas mojadas en tinta y tus cotilleos en voz baja, con ese perfume a mi niña querida y amada. La ausencia será para mí una señal de que debo empezar a digerir una vida nueva sin ti, aunque tenga que enfrentarme a tu recuerdo con espada y lanza.
Cuando llegué a Rosario, un compañero de tren me regaló como obsequio de bienvenida, una pequeña publicación con pequeños relatos de autores noveles y alguna poesía de los grandes, este fragmento de Benedetti me ha parecido perfecto para dar por concluida la respuesta a tu carta: "Estaré en un lejano horizonte sin horas, en la huella del tacto, en tu sombra y mi sombra".
PD: No olvides conjugar el verbo estar en...

domingo, 3 de marzo de 2013

Dulce atasco

Estuve rodeando calles sin sentido, una me llevaba a otra que me dejaba en sentido contrario a donde yo quería dirigirme, aunque me confortaba ver que no era la única que se había metido en un atasco con salida al mismo socavón. 
¡Pero a quién se le habrá ocurrido la idea de hacer coincidir una obra de esta envergadura delante de un colegio y en plena temporada escolar! Hoy habría resultado más rentable haber salido de casa a pie. 



—¡Se puede saber qué se te ha perdido a ti por este barrio!
No me lo podía creer, era la voz de Berta, habría reconocido esa voz tan grabe en cualquier parte del planeta; hacía al menos un año que dejamos de trabajar juntas en aquel restaurante y desde entonces nos habíamos perdido la pista.
—¡Yo también me alegro de verte!
—Perdona Carla, es que si hay alguien que no esperaría encontrarme por estas calles es a ti, te hacía viviendo en otra ciudad.
—Al final el traslado de Salva no se llevó a cabo, cosas de funcionarios. Y el que me encuentres por aquí es pura casualidad, en realidad vamos a tener que darle las gracias al socavón que hay en la calle paralela al colegio del Sagrado corazón.
—¿Un socavón? No estaba enterada.
—Ni tú ni muchos de los que solemos acudir cada día a llevar a los niños al colegio. Digo yo que podrían haber puesto una señal de aviso unas semanas antes, que hacer semejante agujero no se planea de la noche a la mañana.
Tuve que dejar paso a un coche que tenía detrás y Berta aprovechó para otorgarme un espacio y poder estacionar mi coche en él. Salí para hablar más cómodamente y quitarme de encima la tensión que llevaba acumulada. 
—Si llego a imaginarme que llevar a los niños al colegio me iba a suponer este transbordo con el coche les hago ir andando, es más, hoy mismo les compro un bono bus para que bajen a la escuela solos. 
—No es por echarle un cable a tu enojo, pero si es una obra municipal no vas a tener suficiente con comprar un bono bus. 
—Sí claro, tú arréglalo.
—No te lo tomes a mal mujer, al menos nos ha dado la oportunidad de vernos después de tanto tiempo.
—Ya Berta, lo que ocurre es que hoy un atasco era lo que menos necesitaba.

sábado, 2 de marzo de 2013

Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

O sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

M. Benedetti

sábado, 23 de febrero de 2013

Érase una vez...

El enlace de esta historia comenzó aquí

No es bueno estar dándole vueltas a algo y quedarse inmóvil sin indagar los motivos que causan ese bloqueo, aquella foto podía más que mis miedos, así que esa misma semana me presenté en casa de mi tía; yo le debía una historia y ella a mí un par de tés.
Me senté a su lado, extraje la foto del bolsillo de mi chaqueta a modo de insinuación.
—Veo que te has propuesto proteger esa foto.
—Sí, el mismo día que me la diste reciclé un pase de feria que tenía en un cajón, así evitaré que se estropee.
—Bien hecho, todas las fotos tienen algo especial pero algunas hay que atesorarlas más que otras. Yo de tanto observar la vida detrás de un objetivo me he acostumbrado a imaginarme historias y creo que en la tuya voy a estar poco equivocada. Anda, háblame de ese instante, de esa sonrisa de...
—Maica.
Agradecí su confianza y franqueza, así que empecé a describirle a mi manera y casi como un cuento lo que provocaba aquella foto en mí.
—Érase una vez… —empezamos a reinos mientras saboreábamos la primera taza de té y antes de echarme atrás y como si no tuviese otra oportunidad seguí con la historia—, ya sabrás que en el barrio existían dos pandillas, ambas identificadas con insignia, nombre y como no, con un líder.
Éramos críos pero nuestras leyes territoriales las defendíamos a sangre, bueno más bien a base de patadas y piedras. ¡Qué habría sido de nuestra infancia si no hubiesen existido las pandillas! Jugar a fútbol o baloncesto era lo habitual, pero las tardes más importantes eran las que surgía una travesura tras otra; recorríamos el barrio en bicicleta o patines, que de ese modo si nos metíamos en líos con el bando opuesto podíamos escapar rápidamente del territorio ajeno.
En nuestro grupo éramos seis chicos y cinco chicas, Maica siempre decía que hacíamos el número perfecto para formar un equipo de fútbol pero el resto de chicas se oponían a la idea de andar detrás de un balón, les resultaba poco femenino.
Sabíamos cuando Maica se enfadaba con alguna de ellas porque se acercaba a nosotros para improvisar un partido, a pesar de saber que acabaría con moratones en las piernas y embarrada hasta las rodillas se entregaba como el que más intentando llevar el balón a una portería improvisada con dos piedras a modo de poste; no necesitábamos árbitros, ni áreas, ni líneas laterales, sólo defender un balón y sumar goles. 
Maica se hacía respetar, sobretodo por su carácter que cambiaba como el tiempo, cuando la veías contenta y risueña nos contagiaba a todos pero cuando se enfadada lo mejor que podías hacer era desaparecer y no contradecirla, de lo contrario podías recibir alguna palabra que dolía más que un guantazo, quizá por eso se ganó el puesto de líder. 
De todas las chicas Maica era la mayor en meses pero la menos desarrollada físicamente, a esa edad  y entre nosotros ya nos fijábamos y comentábamos cual de ellas utilizaba sujetador y Maica no estaba en esa lista, ni si quiera se la veía presumir o flirtear con chicos. 
Pero llegó ese día en el que ella y su cuerpo se pusieron de acuerdo con el universo para sorprenderme.

lunes, 18 de febrero de 2013

Al menos inténtalo

El enlace de esta historia puedes leerlo aquí

Llamé a Fernando para saber la evolución y recuperación de Ana, me salió el contestador. Nunca estoy preparada para responderle a una máquina que te pone una señal con cuenta atrás y a la que tienes que dejarle muy resumidamente lo mucho que querías decir en pocos segundos; segundos en los que tienes todas las papeletas de quedarte en blanco o colgar, pero esta vez ninguna de esas me tocó —hola Fernando, soy Lucía, quería saber cómo está Ana, volveré a llamarte, un beso—. 
Corrí las cortinas y dejé entrar al sol y acompañada de su calor me senté en el suelo entre cojines, desde que volví de México disfruto de pequeños momentos como estos, abrir las ventanas y observar las nubes o el simple cielo es todo un lujo para mi imaginación, pero estaba un poco tensa para andar llamando a las musas. Seguía con el móvil en la mano y busqué en mi lista de mp3 la canción de Cadillac Solitario para añadirla como tono de llamada, la asocié al número de Ricardo para diferenciar una posible llamada suya a la del resto de contactos. Al ver la hora de la llamada del día anterior recordé el momento en el que Ricardo llevaba aquella bolsa de pan en la mano y un abrazo en la otra.
En mitad de mi emotivo trance sonó el teléfono, era el número de Fernando, —hola Lucía soy Ricardo—, no me lo podía creer, yo que me había preparado un tono de llamada personalizado para preparar mi corazón a la voz de Ricardo y va el destino y me torea de esta manera.  
—Hola Ricardo, me he sorprendido al escucharte, esperaba... 
—Sí, esperabas escuchar a mi padre claro, lo entiendo. Cuando has llamado estaba hablando con Elvira y como mi padre no tiene muy de la mano el tema de mensajería de voz he sido yo quien ha escuchado tu mensaje, así que he decidido responderte yo personalmente.
—Gracias, bueno y la paciente, ¿qué tal está?
—Pues muy bien, me he quedado esta noche con ella aquí en el hospital y la verdad es que ha dormido como una marmota, ahora le están haciendo un último reconocimiento, la enfermera nos ha dicho que seguramente nos podremos ir a casa antes del mediodía.
—¡Qué buena noticia! Me alegro muchísimo Ricardo. 
—Lo sé, lo sé. Bueno, ayer no te di las gracias por haber estado en el hospital dando la cara como acompañante, si no llegas a estar aquí...
—Pues no habría pasado nada, en el hospital se habrían puesto en contacto con alguna persona cercana preguntando a tu madre, la coincidencia que estuviese yo por allí resultó ser la solución.
—Ya, ya, si con los móviles y resto de tecnología nos tienen fichados a todos, igualmente no es razón para excusarse, ¡te debo una!
—¿Sólo una? ¿Acaso has olvidado las que me debes tú de cuando éramos críos?— Empezamos a reír y entre mi tontería y su risa noté que alguien le reclamaba, de nuevo intervino la interrupción.
—Lucía, lo siento, te llamo en unos minutos. ¡Hasta ahora!
Creo que cortó la llamada antes de mi despedida, que de cinco palabras la última era un beso.



Mientras esperaba pensé que podría ser el momento de hacer una limpieza de llamadas perdidas, fotografías absurdas, incluso direcciones de correo electrónico de clientes de la empresa en la que trabajé el año pasado. ¡Cómo podemos tener tanta información en estos teléfonos, tenemos en sus entrañas parte de nuestro adn!
Estaba tan ansiosa que corroboré tres veces el volumen del teléfono, tengo costumbre de ponerlo en silencio cuando trabajo y luego olvidarme de desactivar la función. 
Tuvieron que pasar dieciocho minutos para escuchar por fin el tono del Cadillac Solitario.

lunes, 11 de febrero de 2013

¡O mía o de nadie!

El hilo de esta historia puedes leerlo aquí
Otra virtud de María es la puntualidad, es por eso que me extrañé cuando no apareció abriendo la puerta a eso de las ocho de la mañana, imaginé varias teorías que podían ocasionar ese retraso, una caída, una llamada de algún familiar enfermo, un posible retraso del transporte público... 
Sentía llover, hoy algún taxista o conductor de autobús estará más irritado de lo habitual, en días así se suman los coches y la ciudad queda intransitable y algo desordenada, eso sí, aumentan los colores gracias a los paraguas e impermeables que contrastan con el plomizo color del cielo, así que no tardé en levantarme y disfrutar de las luces de los coches y los semáforos reflejados en el asfalto mientras desayunaba, algo que María aún no entiende, de hecho deberá estar maldiciendo la lluvia por como se deben estar quedando los cristales, esos por los que observamos cada día la vida de los demás pasar, algunas de apariencia lujosa y otras con aspecto de ocasión. 
Me levanté para ir aseándome; el baño y una habitación que hacía servir Andrés como taller son las únicas estancias de mi casa que dan a la parte de atrás con vistas a un patio de uno de los colegios del barrio y por el que ya se empezaban a oír algunos niños que estarían estrenando sus botas de agua entre charcos.
Después, por si María había empezado el día con mal pie decidí acercarme a la cocina con muletas a preparar el desayuno para ambas, la verdad es que me encuentro cada día más ágil, pero sin  compañía no me atrevía a pasearme sin apoyo.
Moverme por la cocina con muletas me resultó un tanto embarazoso y hasta cómico, me sentía casi como un marine en una pista americana intentando esquivar el verdulero y un par de taburetes, me inquieté intentando localizar el pan, los cereales, el azúcar y el café; todo estaba cambiado de sitio a la comodidad y costumbres de María, de nuevo volvía a sentirme como una niña, pero esta vez jugando al escondite. Mi primer día a solas en la cocina después de la operación y mi empeño en querer ser auto suficiente me estaba resultando un tanto estresante.
Sentí la llave en la cerradura y un suspiro deslizarse por el pasillo al ritmo acelerado de unos pasos, en cuanto me vio en la cocina empezó a disculparse y al mismo tiempo a echarme la bronca por estar enredando en la cocina con las muletas abandonadas al lado de un cubo de reciclaje. Se lavó las manos y como un autómata terminó de organizar lo que yo a penas había empezado. Me acompañó al comedor diciéndome que tenía que explicarme sentada y con una dosis de cafeína el motivo por el cual se había retrasado.

domingo, 27 de enero de 2013

Huida a Pekín

La conexión de esta historia empieza aquí

Dejó un mensaje en el contestador. ―Hola familia, soy Elena, ¿cómo estáis? Llamaba para que me confirmaseis cuántos vendréis a nuestra boda, el restaurante nos ha pedido con antelación la organización de las mesas y el número de invitados y andamos un poco estresados. Bueno, espero vuestra llamada, si no me encontráis a este número podéis dejarle el recado al de mis padres. Un abrazo―. 
Estaba en mi destino ver la luz intermitente en el contestador al llegar a casa y escuchar aquel mensaje. Habían pasado cuatro meses desde que pasó por casa para dejar la invitación de su boda, hasta hoy su nombre había aparecido en alguna conversación entre mi amigo Arturo y yo o entre mi madre y mi hermana, pero su voz hacía mucho tiempo que no la escuchaba, había olvidado que seguía atravesándome los sentidos como siempre. Su mensaje me recordaba que el día del evento estaba más cerca y el plan para no asistir tenía que ejecutarlo ya.
Me dirigí a la cocina en busca de una cerveza que refrescase mis neuronas y tomarme de un sorbo aquella incertidumbre que me había asaltado en plena tarde de junio, encendí el equipo hi-fi, cuando estoy solo pongo a prueba el Marantz que compró mi padre cuando yo a penas tenía catorce años, hay que decir que más adelante lo enriquecí incorporándole unos Infinity que en muchas revistas de la época venían recomendando, la verdad es que siguen sonando de maravilla a pesar de tener tantos años. Puse una emisora al azar y me dirigí a mi habitación tarareando un éxito absurdo y repetitivo, canciones que odias pero se pegan a tu mente durante meses; según el locutor era el número uno, por supuesto que si esa canción era la primera de la lista no quería saber cuál era la última. Me senté perezoso en mi cama esperando que las próximas notas fueran algo más normales y  normal en mi estado quería decir que iba a ser muy exigente, no tenía el cuerpo para otro tecno reggaeton dramático, por mucho que fuese lo más pinchado.


Me propuse jugar un poco con la música, controlar con el pensamiento qué canción iba a salir una vez acabada la dichosa publicidad, no era cuestión de perder el tiempo sino de perderme en el tiempo para quitarme de la cabeza la voz de aquella llamada y dejar hueco para el plan.

jueves, 24 de enero de 2013

La distancia

Llevaba días queriendo pasar por la ferretería y hacer esas pequeñas compras que se aplazan por falta de tiempo o aparcamiento, pero teniendo la tarde libre no puse excusas. Necesitaba una goma nueva para la cafetera, unas arandelas para unos tubos del lavadero y hacer la copia de una llave para el cuarto trastero y para rematar la tarde, me pasaría a recoger unos papeles por la gestoría.
La casa de mi tía Cándida quedaba cerca de mi trayecto así que decidí hacerle una visita. La encontré sola, rodeada de unas cajas de lata donde antes de tener fotos antiguas estuvieron llenas de infusiones o galletas. Al ver que tenía una tetera hirviendo en la cocina le propuse compartir con ella un té acompañado de algunas vivencias en imágenes, se levantó contenta y con agilidad dejando unas pilas de fotos encima de la mesa, la de veces que repasará esas fotos.
Siempre ha sido muy aficionada a la fotografía, no recuerdo haberla visto muchas veces sin una cámara en la mano, decía que el fotógrafo aficionado siempre debe estar preparado porque nunca sabe cuando le otorgará el momento una buena instantánea, lo mismo le hacía fotos a un paraje que a personas, a un gato que a una nube, para ella todo está en un punto de mira idóneo para ser plasmado. Aunque con los móviles actuales no creo que hubiese disfrutado, ella prefiere la robustez de una cámara y a ser posible réflex.
Se sentó a mi lado haciéndole hueco entre tanta fotografía a una bandeja que portaba dos tazas de té y un platito con galletas de canela hechas por ella, la repostería es otro de sus hobbys. La sala se ambientaba con música de Roberto Carlos, creo que de pequeño me aprendí algunas de sus canciones de tanto como se escuchaban en casa de mis abuelos.

miércoles, 16 de enero de 2013

Mejor vuelve

25-01-1965
Querido Pablo
Aún no ha llegado febrero y ya empiezan a pintar los almendros el paisaje de las lomas y con ellos las ganas de saber de ti, todos los días espero al cartero con la ilusión que lleguen noticias tuyas y sin ellas voy dándole más motivo a la preocupación, me pregunto si te habrán cambiado el turno y es por eso que no tienes tiempo de escribirme. Asomada a la ventana he pensado en describirte en unas líneas lo que ahora mismo observo y pienso, por aquí no hay muchas novedades, el pueblo no ha cambiado nada, todo lo más sus gentes, los jóvenes más viejos y los viejos más añejos. Si vieras cómo está el valle de almendros florecidos, este año se han adelantado unas semanas. 
Mi madre sigue empeñada en que sea modista, me obliga a diario a coser prendas del ajuar y sólo pensando en compartir esas prendas contigo es como puedo pasar la aguja por tanta tela, ya sabes que lo mío es cantar. Mira por donde el sábado estuvimos merendando todas las chicas en casa de Encarna para celebrar su cumpleaños y cual fue mi sorpresa que se acercó Adela con su novio para proponerme cantar en "la cantina del chato" y que ahora regenta su hermano, para empezar sólo serían algunos sábados y domingos; no quiero hacerme demasiadas ilusiones, primero porque mi padre no quiere imaginarme entre sus tablas por tanta alma perdida en el alcohol y ojos perdidos en las enaguas y segundo por mi madre, que dice que teniendo el novio trabajando en Alemania no está bien visto, ya sabes que aquí vivimos y sobrevivimos del qué dirán ¿cuándo cambiará esto?
Menos mal que esta semana ya empezamos a ensayar con la comparsa de Santa Catalina, por aquí ya huele a carnavales y se empiezan a escuchar algunas chirigotas en las casas y tabernas, estoy segura que te gustaría estar aquí tanto como a mí verte disfrutándolas.
Tus padres están bastante bien, más tranquilos que la última vez que te escribí y es que tu hermana Isabel empieza a mejorar de salud, por fin dejaron de ir a aquel curandero que lo único que hacía era sacarle el dinero. Los convenció la mujer del practicante que le sugirió un médico de la capital; y debe ser bueno porque ya ha empezado a caminar sin ayuda de muletas, hasta se la puede ver por la calle intentando caminar cada día unos metros más, dice que en menos de un mes quiere llegar hasta la finca de Aurelio, con este empeño se ve más claro que entre estos dos hay un romance.
Y tu tío Agustín ahora quiere proponerle a Aurelio ser socio de un nuevo negocio, al parecer quiere empezar a elaborar quesos, ya ves, después de tantos años siendo escribiente del alcalde ahora le ha dado por dedicarse al campo, como siempre a tu tío no hay quien lo entienda; cuando le digo que lo que le hace falta es una mujer a su lado me cambia de tema diciéndome que en cuanto tenga por la mano el oficio de hacer quesos te enviará alguno para que sientas el pueblo bien cerca.
Tu prima Carmina ya ha dado a luz, dos niños preciosos que se parecen mucho a Kiko, si tuviese alguna foto de ellos te la enviaba, tu prima no hace más que pensar en el tiempo que pasará Kiko hasta venir a conocer a sus hijos, y yo pensando que si llega ese día vengas tú con él, para que puedas comprobar como yo que... a Sebastiana le sobran suspiros pensando en Josete que anda tirando los tejos a Juana, otra que va como loca buscando romper el compromiso de Matías y Candela, que por si no lo sabes ya hay fecha de casamiento.
Ya está medio pueblo pensando en el día de la boda, que siendo hija única del alcalde se prevee una fiesta tan grande como la de agosto. Imagínate, el pueblo entero sacará de sus roperos los mejores trajes para lucirse a juego con sus calles que estrenarán farolillos, baile y orquesta. Las damas de honor quedarán a la espera de ver volar el ramo mientras las niñas con sus trenzas y vestidos rosas las imitarán creyéndose ser princesas, y los niños de corto lucirán golpes ensangrentados y churretes de caramelo en sus mejillas...
Ahora mismo he parado de escribir porque me he quedado pensando en el abrazo que te daría y no digamos los besos, ya va a hacer ocho meses que te fuiste y no quiero imaginarme otro verano sin tí. A ver si con todas estas líneas consigo tener respuesta tuya, aunque si puede ser, mejor vuelve.