jueves, 3 de enero de 2013

Un mal día

Sólo recuerdo que no fue mi mejor día, sigo sin entender por qué aceleré ante aquel semáforo en ámbar. Llegaba a casa aturdido, más nervioso que de costumbre pensando en el fallo tan absurdo que había tenido y que me iba a hacer repetir el dichoso examen, la idea de tener carné de conducir nunca me había atraído, de hecho, de todos mis amigos he sido el último en decidirme y el primero en suspender.
Al entrar en casa sentí a mi madre remover cazuelas en la cocina, creo que no me escuchó entrar. Antes de despedirme esta mañana me advirtió que tanto si aprobaba o no haría una comida especial, incluyendo mi postre favorito, tarta de queso.
Me dirigía al comedor para dejar mi chaqueta sobre el sofá cuando me percaté de aquel sobre malva, al acercarme reconocí la letra en seguida, mi corazón empezó a latir a una velocidad incalculable, habría preferido someterme de nuevo al examen de conducir a averiguar por qué había un sobre con letra de Elena encima de la mesa, me di cuenta que ya estaba abierto, seguramente había sido mi madre; lo cogí y deduje por la rigidez y forma que en el interior había un cd. 
De la nada de esa cocina y sin enterarme apareció mi madre toda ilusionada preguntándome por mi examen, no tuve que decirle nada porque las madres tienen ese poder de adivinar ciertos gestos, quiso tranquilizarme con un comentario que no arregló para nada mi estado de ánimo, —es la invitación de boda de Elena y Toni, verás que bonita es, se ha presentado esta mañana para entregárnosla en persona, venía guapísima, me ha preguntado por ti. ¡Ah! junto a la invitación viene un cd, me ha dicho que es todo de música, pero he estado tan liada en la cocina que no me ha dado tiempo ni de escucharlo, ya te dije que haría tu postre favorito —. Intentando disimular mi angustia, mis ganas de romper aquel sobre con su noticia y aquellas ganas inmensas de llorar interrumpí a mi madre para que no me diese más detalles sobre el encuentro dándole un gran abrazo agradeciéndole ese gesto culinario.
Una parte de mí me decía que dejase aquel sobre donde lo había encontrado y otra muy fuerte saboteaba mi interior queriendo saber qué habría en él, esperé a que mi madre volviese a distraerse entre cazuelas para llevarme el sobre y su contenido a mi habitación, encendí mi ordenador y mientras  arrancaba saqué la invitación para leerla, no sentí más que rabia, dolor, o lo que diría mi amigo César si me hubiese visto en aquel momento, —celos, tú sientes celos chaval, celos de ver a Elena con otro, de no ser tú el afortunado—. Y una vez más mi interior le daría la razón aunque no lo acabase reconociendo ante él.
Esa invitación era lo último que esperaba de ella, Toni era su tercer novio formal, hasta llegué a pensar que sería otro de tantos y que nunca la oiría decir “me caso”.


La invitación reflejaba lo que todas las invitaciones, ilusión, amor y celebración para un día grande y especial, pero no era como otras que habían llegado a mis manos de amigos o primos, esta era distinta porque en ella venía escrito el nombre del afortunado novio, de la persona que si todo marchaba bien, iba a estar a su lado el resto de su vida, y ese afortunado no iba a ser yo.
Vi que el cd tenía una fotografía de ambos y un título: “Parte de nuestra BSO está entre tus manos” y mis manos me ardían observando su felicidad. Introduje el cd de música en mi ordenador, fui escuchando sólo los primeros 30 segundos de cada pista y no podía creer que a ambos les uniese toda esa selección musical, eran canciones de una época en la que seguro ni se conocían, una selección musical con el gusto inconfundible de Elena, canciones que cantábamos juntos, canciones que fueron nuestras, al menos es lo que yo creí.
Y en ese instante de desilusión me di cuenta que mi vida era una auténtica mierda, y que suspender el primer examen de conducir no era nada para el suspenso que me había otorgado la vida en esos momentos. 
Tenía en mis manos la peor noticia que podía recibir ese jueves, Elena, mi chica de ayer, iba a casarse con Toni, un tipo extraño del que no tenía más que un pequeño recuerdo de un encuentro en una feria medieval, un encuentro tan casual como frío, ella me presentó a su chico disfrazado de caballero templario, él se mostró amable en la justa medida que lo haces ante un desconocido y desde aquel día no volví a verle nunca más. Conozco a Elena desde que íbamos a párvulos y he llegado a saber de todos sus mejores amigos que se hicieron conocidos míos más tarde, pero este tal Toni no sé de dónde salió, no sé más que su nombre y que le sentaba fatal el disfraz de templario.
Cuando nos pusimos a comer mi madre de nuevo sacó el tema de la invitación a mi hermana, incluso pusieron el cd de fondo mientras comíamos. Es increíble la ilusión que le hace a algunas mujeres ir de boda, al menos para las mujeres de mi familia siempre ha sido la mejor ocasión de mostrar el glamour y por qué no, el ridículo.
A cinco meses del evento sentía que mi cabeza iba a estallar de un momento a otro, escuchaba de nuevo aquella selección especial de canciones mezcladas con la algarabía de mi hermana y mi madre que compraban con la imaginación la ropa que lucirían, yo mientras iba planeando qué excusa inventar para no asistir al enlace, pero estaba empezando a tener claro que no era el mejor momento para elegir el plan, ni si quiera para probar la tarta de queso que con tanto entusiasmo mi madre había hecho para mí.
Aquel día hiciese lo que hiciese, pensase lo que pensase, tocase lo que tocase. comiese lo que comiese, suspendería. Estaba claro que no era mi mejor día.

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martes, 1 de enero de 2013

Nadie, nada...

Ese aparato doméstico que ni adorna y está en desuso es el que me ha partido el día hoy. Nadie está preparado para una llamada en un día en el que la mayoría está celebrando el primer día del año con manjares suculentos, y aún quedan restos de serpentinas de papel, gorritos y luces de colores que marean más que el propio alcohol consumido. Nadie tiene las palabras de consuelo preparadas para un momento así, sólo el susurro del silencio prefiere ser partícipe de una conversación a distancia. 



Hoy nada tiene sentido en esos mensajes de felicidad decorada con los mejores perfumes y lentejuelas mientras tú estés ante esa espera anunciada, nada.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Fresas, champagne y sueños



Me paró justo cuando bajaba del autobús, hacía algunos meses que no nos veíamos y en su manera de asaltarme deduje que tenía muchas cosas que contar. Nos dirigimos a una cafetería cercana que suele estar repleta de super nanys, como las apodó en su día mi amiga Elena, son las madres que dejan a sus hijos en el colegio mientras ellas hacen tiempo hasta que salen. Por suerte la cafetería estaba lo suficientemente llena como para hablar y nuestras conversaciones se perdiesen en el murmullo y lo suficientemente vacía como para encontrar una mesa aislada de ese murmullo. Empezó contándome algo que ya era muy común en ella, volvía a tener un rollito con alguien, pero lo que menos podía imaginarme era con quién, porque esta vez no era el típico compañero de trabajo, ni el conocido en un viaje de verano, no, esta vez había ido más lejos. Se había empeñado en apuntarse a una de esas fiestas Remember que tan de moda están ahora y sabiendo que a ella iban a acudir algunos ex compañeros de instituto a los que hacía años les había perdido la pista y le hacía gracia volver a ver, lo que no imaginaba es que la mayoría iban a asistir con su pareja. Julia nunca ha sido mujer de un solo hombre, suele cansarse rápido de ellos, pasa de ver el hombre perfecto la primera semana a quitarle puntos en menos de un mes, pero últimamente con el instinto maternal al descubierto va pidiendo a gritos sentar un poco la cabeza.
He de reconocer que nunca la había visto tan ilusionada, pero jamás podía imaginarme que el príncipe asignado esta vez fuese Pedro Guzmán, amigo de ambas en nuestra adolescencia durante el bachillerato. Al parecer todo empezó esa noche de Remember...
Se intercambiaron miradas, palabras, algún bailoteo y nueve dígitos. Empezó a enseñarme fotos de esa noche, esas fotos horrorosas hechas con el teléfono por uno mismo quedando las caras deformadas, se les veía muy contentos e incluso muy acaramelados, en alguna incluso se podía ver a la mujer de Pedro, Sonia, que también conocíamos de la época, a todos los fotografiados se les veía con sonrisas de alcohol, algunas canas, arrugas y frentes despejadas por la falta de pelo, nada hacía prever en aquellas fotos lo que podría cambiar sus vidas unas horas después. Y digo horas porque según me contó Julia fue Pedro quien la acompañó a casa, habían decidido rematar la noche dándole la bienvenida a la mañana con un chocolate con churros, pero Sonia estaba un poco preocupada por haber dejado a sus dos hijos tantas horas con una nueva canguro y animó a ambos a que disfrutaran del desayuno sin ella. Y eso hicieron, se fueron los dos solos y entre olor a aceite requemado y chocolate hicieron un resumen de la noche y quedaron en volverse a ver pronto.
Julia me estaba asustando.
—¡Ay Marisa, tantos años teniendo a Pedro en clase en el pupitre de atrás y no darme cuenta de esos ojos azules, te aseguro que esa noche me parecieron océanos ofreciéndome un chapuzón en el más profundo deseo!
Según ella esa misma noche lo sedujo, claro que ella en eso tiene sobrada experiencia, conquista con la misma rapidez que se adjudica un tiempo de descanso para deshacerse de la caza. Por lo visto Pedro se lo había pasado tan bien que hasta se había olvidado de la edad que tenía, y le insinuó que estaría encantado de acompañarla en alguna que otra salida de las suyas, claro está sin su mujer. Y como Julia se acostó soñando que nadaba en el mar de sus ojos no tardó en invitarlo al día siguiente a tomar una copa, y en menos de una semana estaban los dos disfrutando de una suite con vistas, jacuzzi, una botella de Moët & Chandon y fresas. Mientras me lo contaba no podía parar de pensar en Sonia, en ese matrimonio, en los hijos en común y en la irresponsabilidad de ambos. Me comentaba que llevaban dos meses y medio viéndose todos los martes por la tarde en el mismo lugar con el mismo deseo, las fresas y el champagne. Pedro le ha prometido que antes que llegue a celebrar el próximo aniversario con su mujer habrá pedido el divorcio, la señal de que ha dejado a su mujer la encontrará un día entre las fresas, ella presiente que será un anillo de diamantes.
Supongo que mi cara era un poema y la suya un verso terminado, porque nos quedamos en silencio y me observaba con cara de rebobinar toda la conversación y contársela a las ocupantes de la mesa de al lado, pero no, me eligió a mí justo cuando salía de aquel autobús, cuando justo unos minutos antes acababa de encontrarme con Pedro Guzmán en una floristería de un centro comercial, donde estaba redactándole a la florista un mensaje para una tarjeta que ubicaría en un precioso ramo de rosas rojas: "Doce rosas por estos doce años juntos, por ser la madre de mis hijos, por ser la mujer de mi vida, por todo y más te quiero Sonia ¡Feliz Aniversario!".
—¡Ah Patricia, no se olvide de engancharle en el lazo el anillo, que pueda verlo nada más ver la nota y sobretodo, que no se pierda que es un diamante y...!
Y cada martes Julia se come las fresas con sumo cuidado y esperanzada de encontrar su anillo, el resto de la semana seguirá soñando que está al caer irse a vivir junto a él y posiblemente si todo sale como lo planea, antes de cumplir los 34 Julia podrá cumplir su sueño, ser mamá, eso sí, nada de boda, eso lo tendrá bien clarito.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Algo o alguien imprescindible

Se nota que María se ha adaptado a mi carácter con facilidad, ya conoce todas mis manías y no le falta detalle alguno para conmigo, a primera hora de la mañana ordena, limpia y prepara el rincón donde paso la mayor parte de mi tiempo, ya se cuida ella que estos dos grandes ventanales estén impolutos, ni que tuviésemos niños por aquí dejando las manitas marcadas.
Me mantengo sentada aquí horas y nunca pensé que mi mayor distracción sería contemplar a la gente tras una ventana, aunque he podido comprobar que me gratifica más que la televisión, que sólo ponen programas para irritarnos, voceríos y peleas llamados debates, chismes comprados y alguna película con más drama que la propia vida. Ya tuve bastante en la habitación del hospital compartiendo televisor con la compañera de habitación, yo sin necesitarla y ella no dejaba de echar monedas para que el aparato no dejase de emitir luz y voceríos, menos mal que sólo estuve cinco días, alguno más y habría acabado por cargarme el televisor en algún momento en la que ella quedaba kao con el mando en la mano. Si al menos me hubiese tocado el lado de su cama con aquel espléndido ventanal habría sido menos sufrida la convalecencia. Añoré tanto observar por la ventana de aquella habitación que cuando llegué a casa me habilité una mini estancia en el rincón más luminoso de casa, el salón, en él tengo sol prácticamente todo el día porque es diáfano.
Desde que llegué del hospital la vida a través de ese gran ventanal se me antoja interesante.
Cada mañana, después de asearme, María prepara el desayuno para ambas, lo tomamos aquí juntas, al lado de esta ventana, ella conoce algunos transeúntes y me ayuda a saber de ellos y organizar sus vidas a nuestro antojo. Empezamos a despellejar a algunos que son asiduos a hacer los mismos gestos a diario, luego recoge la mesa y empieza con sus tareas de limpiar sobre limpio y hacer la comida. Siempre he sido muy independiente y desde que enviudé me he vuelto muy exigente, el hecho de tener que depender de alguien extraño que soporte mis manías y encima tenga que soportar yo las suyas me resultaba un poco incómodo y difícil de aceptar, pero he de decir que la recomendación de mi cuñada Luisa fue acertada –con esta chica no vas a tener problemas, es seria y responsable con su trabajo–. Y tenía razón.
Desayunamos, comemos y cenamos juntas y cuando ha terminado de limpiar lo que sigue limpio se sienta conmigo, algunas tardes echamos unas partidas al dominó, al parchís o la oca, los clásicos juegos de mesa que según María nunca fallan y entretienen. Otras veces enciendo un rato el televisor que aunque no me lo pide el cuerpo sé que a ella le gusta, veo como se queda hipnotizada con esos chismes y empieza a cambiar canales, a cual peor, pero claro, la entiendo porque estar conmigo debe resultar aburridísimo, no es cuestión de estar las dos aquí conversando con el silencio de nuestras respiraciones, sobretodo cuando oscurece y lo que ocurre en la calle pasan a ser sombras con algún haz de luz cuando pasan bajo las farolas, la de veces que me pregunto qué clase de transeúntes andarán a esas horas, cómo serán sus vidas.
Esta mañana nos hemos reído un rato con sólo observar la zona del kiosko de Emilio, como cada mañana hemos visto a Joaquín pararse delante de la pila de diarios y revisar la mayoría de ellos, los abre cono si fuesen suyos, pasa las hojas humedeciéndose el pulgar y con gran rapidez se lee los titulares, luego los vuelve a plegar y dejar en su lugar, eso sí, antes de marchar se pide un paquete de pipas que se come en la plaza de al lado rodeado de palomas, no entiendo como Emilio deja que haga eso, si todos hiciéramos lo mismo no vendería ni un periódico. Y como hoy era miércoles tocaba la llegada de Berta con su impaciencia pegada a su uniforme negro, Berta es una de las peluqueras de la calle, y digo unas porque hay tres, será que la calle se merece que la peinen. Berta siempre va a piñón fijo, compra cuatro o cinco revistas, de esa prensa rosa que nos colocan frente a los espejos o secadores; debo ser la única que ni las mira de reojo, a saber cuántos pulgares sobados de saliva han pasado por esas páginas.
Pero hoy el remate ha sido el portero del bloque de enfrente, un tal Mario, es la tercera semana que lo vemos merodear por el kiosko con las manos en los bolsillos, mira de un lado a otro como si estuviese a punto de robar algo y huir como un niño en una tienda de golosinas, pero no, lo que hace es esperar a que no pase nadie cerca para comprar un par de revistas porno. He de decir que sabemos que son revistas porno porque están colocadas en un sitio estratégico para no ser demasiado vistas por los niños que merodean por allí, al menos eso dice Emilio ¡Qué iluso Mario, si supiese que estamos aquí María y yo con nuestros ojos puestos para ver sus movimientos! y me refiero a los movimientos de la compra, porque los que hará después en su intimidad pasando hojas de papel cuché a todo color ya se lo dejamos a...
Esta mañana, la visita al kiosko de Mario nos ha pillado desayunando y casi nos atragantamos con el bizcocho, y no era por seco ni por falta de café, sino porque María se ha puesto a imitar a Mario con sus revistas pornográficas en horas ociosas y hasta me ha dicho que lo mismo cuando bajase a hacer la primitiva se pasaría por la portería a ver si lo pillaba infraganti, la película que ha montado imaginándose la escena me ha hecho reír tanto que he cogido hasta dolor de estómago. Ya le he dicho que en cuanto mejore y pueda salir por mi propio pie quiero que me acompañe al grupo de teatro en el que a veces colaboro, ese don que tiene María tiene que exprimirlo, encima transmitirá al grupo mucho humor que buena falta nos hace.
Para que luego digan que la televisión es el mejor entretenimiento, a mí con esta mujer no me hace falta alguna. Ahora mismo sale un olor de la cocina que merece un premio, y en lugar de describirlo voy a ver si puedo acercarme con ayuda de mis muletas a la cocina y probar la comida mojando un trocito de pan, ya sé que cuando me vea aparecer por la cocina me reñirá y es entonces cuando le contestaré: –Pero María, si es que este aroma que inunda todo el piso hace que se pongan en pie hasta los dolores ¿no crees que este es el mejor signo de recuperación que puedes ver en mí?– Ella se reirá y me cortará un trocito de pan con morcilla de su pueblo, rica, rica y me dirá: –Pruébela Berta, la hace Encarna y su marido, parece la morcilla que hacían en el pueblo de mis padres, esto sí levanta lo que haya que levantar...– Me miró con cara de pícara y nos volvimos a reír, supongo que pensando en Mario.
Ya le voy diciendo que cuando esté recuperada quiero ampliarle el contrato para que siga mimándome y haciéndome pasar gratos momentos, está claro que cuando envejecemos nos vemos en la necesidad de necesitar o de buscar algo o alguien que sea imprescindible, hoy María es ese alguien y la ventana ese algo.

Más sobre estos personajes aquí

viernes, 7 de diciembre de 2012

Cadillac solitario


Llegó asustada, aturdida, reconocí su voz al hablar con la enfermera en la ventanilla de la sala de urgencias, escuché como le decía que había venido sola, que las molestias que sentía le habían sorprendido entre la pescadería y la panadería, que no atinaba a llamar por teléfono a su marido o hijos; mientras la enfermera la tranquilizaba me detuve para interrumpir la conversación, agregué que yo la conocía y quería ser la acompañante hasta que llegasen sus familiares, fue una casualidad que me encontrase allí, justo cuando marchaba de mi cita de traumatología. Ana me miró sorprendida y me abrazó con gran entusiasmo, como si hubiese visto a su ángel de la guarda, la verdad es que me pregunto la de veces que ella llegó a ser el mío. Hicieron pasar a Ana para un reconocimiento de urgencias, a mí me pidieron que estuviese atenta en la sala de espera, todo apuntaba a un posible infarto, me quedé con las pocas pertenencias de Ana, una bolsa isotérmica con pescado en su interior, una barra de pan en una bolsa de lino y su bolso, me senté y busqué el teléfono en el bolso de Ana para llamar a Fernando, su marido. Observando los números de teléfono empecé a hacer un recorrido por el recuerdo, por sus caras, sus voces, es increíble lo bien que recuerdas las cosas vividas durante la infancia.
Ana ha sido siempre una gran amiga de la familia que dejé de ver justo unos meses antes de marcharme a vivir a México. Ella y su marido tienen tres hijos, dos chicas, Elvira la mayor nacida justo un año después de su boda y Sonia que vino dos años después de nacer Elvira; ocho años más tarde, cuando ya no creían poder ver más niños correteando por la casa, Ana volvió a quedarse embarazada de Ricardo, el hijo menor. Ricardo y yo nacimos el mismo día, en el mismo hospital y con una hora de diferencia. Mi madre y Ana se conocieron en una sala de pre-parto del hospital y ahí empezó una pequeña amistad hasta la fecha, una amistad que fue anidándose en tardes de cafés, guarderías y colegios.

lunes, 29 de octubre de 2012

Dejándose llevar

El hilo de esta historia podría empezar aquí

M- Hola Carmen, por fin te veo por la red.
C- Hola Maica. Llevo dos días intentando tener un momento libre para conectarme pero me ha sido imposible, y no será porque no he intentado hacerle huecos al reloj.
M- Tranquila, ya me imaginé que estarías liada, yo tampoco he ido demasiado libre que digamos, hemos tenido un compañero de baja esta semana y hemos tenido que hacer entre todos su trabajo, con lo que me ha llevado hacer algunas horas de más esta semana.
C- Ayer mientras estaba esperando a Santi salir de sus clases de taekwondo pensé en la torpeza de no haberte pedido aún tu número de teléfono, al menos me habría distraído un poquito escuchándote durante la espera.
M- ¿Desde cuándo no miras el correo? yo te envié mi teléfono hace un par de días por email.
C- No te he dicho que he ido fatal de tiempo, no he encendido el ordenador desde hace días, luego lo miro. Espero que estés preparada para seguir contándome tu historia de Cádiz.
M- Pues claro, lo dejamos en...
C- En el contacto nena, el contacto.
M- Bueno, me refería a contacto, o sea, al hecho de...
C- Que no te enrolles y le des al teclado, que no quiero escusas de ningún tipo hoy.
M- Pues al llevarme del brazo mi cuñado hacia la pista de baile y dejar atrás a Daniel en la barra me encontré con Santi, el cual me agarró dando giros sin sentido para bailar, intenté no perder de vista la silueta de Daniel en la barra pero mientras me movía entre tanta gente de las manos de Santi vi como Daniel se acercaba a su mesa y acaparaba un vaso de la mano de César, se tragó de un sorbo todo el contenido mientras miraba donde estábamos Santi y yo. Empecé a pensar que con lo poco que le gustaba bailar no se atrevería a acercarse y salvarme de aquel momento tan angustioso, de verdad Carmen, me encontraba fatal, no sé si fue el cava o los giros.
C- O la mezcla de varias bebidas durante la noche guapa, bueno, eso y los nervios hicieron un cocktel en tu estómago fijo.
M- Segurísimo, pero bueno, entre giro y giro apareció Daniel y creo que se me quitó de un plumazo el mal estado, eso o es que su presencia me hizo olvidar el malestar. Apareció con un gesto tímido de los suyos, me cogió delicadamente la mano para relevar a Santi, ¡no me lo podía creer! Encima con la canción que había de fondo, ni más ni menos que la de “cobarde” de Bustamante, tenía ganas de reir por dentro, pensando en las casualidades de la letra para un ser como él, pero al sentir su mano agarrando la mía todo mi cuerpo sintió un escalofrío que aún sigue recorriendo mi ser. Le noté torpe en su ritmo y no entendía por qué no salíamos de aquella pista que lo único que hacía era disfrazar nuestros deseos. Y creo que estuvo a punto pero la canción que vino después le detuvo el intento. Menuda canción Carmen.
C- No sería una lambada jajaja...
M- No, no. Te acuerdas en la disco cuando ponían los lentos y salía la canción de “one more try”, la de veces que busqué la mirada de Daniel para ver si se atrevía a acercarse para bailarla juntos.

domingo, 14 de octubre de 2012

...a ti

Hay notas que te traen
y melodías que me llevan,
silencios que te llaman
y latidos que me callan.

Hay besos que te ruegan
y abrazos que me condenan,
miradas que te palpan
y caricias que me enredan.

Hay sueños que te cuentan
y palabras que me delatan,
pensamientos que te hallan
y reflexiones que me disfrazan.

Hay tantos minutos que te evocan
y primaveras que me apartan,
sendas que te acercan
y distancias que me trasladan…

...a ti.


lunes, 1 de octubre de 2012

Doy fe

26-09-1938 Zurich

Querida Ángela
Qué extraño se me hace volver a dar la bienvenida a un nuevo otoño en este país que dejó de ser nuevo como sus estaciones, llevo la carga de esta estancia como una pesada cruz, vine con la idea de volver pronto y ese pronto se ha transformado ya en dos años. Siempre me había gustado el otoño pero aquí, esta estación se apodera de la luz y la esconde para contaminar de tristeza cada hora del día, este paisaje hechizante esconde más melancolía de la que necesito. Lo único que ha hecho que me despoje de pensar en ti y en esa huída es el trabajo. El restaurante es tan turístico que siempre hay gente con quien mantener alguna conversación, cosa que ahora hago con más naturalidad debido a mi mejora con el idioma. Lo que no llevo tan bien son los olores de la cocina, ya sabes que en cuanto huelo a fritanga necesito una ducha. Como ves mi maniática costumbre de ducharme después de comer sigue a mi lado, sin pensar si quiera en esa leyenda urbana de los desconocidos cortes de digestión que nuestras madres nos repetían continuamente al llegar la temporada de playa.
Hoy he tenido libre y me he puesto a ordenar un poco esta minúscula vivienda que sería más minúscula si estuvieses tú y tus cosas, daría lo que fuera por andar tropezándome con ellas en lugar de estar ordenando periódicos que dejo al lado del sofá cuando me quedo dormido en él por el cansancio. Si al menos recibiese alguna carta tuya releería una y otra vez tus palabras, de hecho lo hago con frecuencia con las únicas que recibí, me quedo observando a veces los renglones sin leerlos, observando esa letra tan elegante con la que te ganabas algunos puntos en la escuela. Ojalá existiese otro medio barato para comunicarnos, resulta tan caro hacer una llamada desde el teléfono del restaurante o en las cabinas de la calle, encima no funcionan como es debido, esta mañana he desperdiciado de nuevo un montón de monedas sin éxito; cómo debe estar el estanco del Sr Joaquín que ni si quiera da línea, se oyen tantas cosas en la radio, que sólo imaginarme que hayan llegado a bombardear alguna zona del pueblo me genera más tensión y nerviosismo, es demasiado doloroso estar tan lejos de tu tierra sin saber al cien por cien lo que está sucediendo, las noticias generalizan mucho pero no especifican qué zona queda destruída.


Espero que esta ausencia de tus cartas no indique algo negativo, preferiría que hubieses decidido dejar de escribirme por otro hombre a que te ocurriese algo en medio de esa maldita locura, si al menos pudiese verte para saber qué ocurre, cuál es el motivo de este silencio, esta ausencia de noticias tuyas, de la familia; si supieras lo mal que lo paso pensando en vuestra falta de libertad, de comida, en la suerte que tengo de comer cada día dos platos calientes, pero hasta que esa guerra no termine no va a ser posible; y no es que por aquí pinte la cosa muy bien, se habla hasta de otra guerra mundial, no sé cómo va a terminar todo esto Ángela, el mundo entero está contagiado de rabia y no se dan cuenta que el único antídoto es amarnos los unos a los otros, sin odios, sin asperezas, sin envidias, sin reproches. Cambiaré de tema que parezco el padre Ramón con sus sermones, la verdad es que ahora sería capaz de estar aguantándolos con tal de estar ahí, cerca de toda mi familia, cerca de ti.
Tenía razón Gabriel con lo de poder conseguir publicar algo fuera de España, sin censuras y sin necesidad de huir. He conseguido una máquina de escribir preciosa, ha sido gracias al señor Rudolf que tiene contactos, el precio era un poco alto pero la verdad es que está en muy buen estado, nada más ubicarla en mi escritorio improvisado he querido estrenarla escribiéndote. Rudolf también me ha dicho que tengo madera de escritor, le he dejado leer algunas cosas y se ha propuesto ayudarme, conoce a un editor que posiblemente pueda ofrecerme algún trabajo como colaborador en un periódico, ya sabes la ilusión que me haría, aunque el problema es que sería en Frankfurt y tendría que dejar de trabajar en el restaurante; y a no ser que mi escritura me diera para sobrevivir no podría. Como ves esta noticia es la única buena que he tenido en mucho tiempo, ahora mismo en estas líneas van miles de abrazos camuflados en tinta, por favor, hazlos tuyos y recuerda que sigues siendo la musa de mis obras.  Rezo por muchas cosas y ruego porque me escribas.

PD: Doy fe que la letra del clásico bolero en la que dice que la distancia es el olvido no es cierta.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Y tan cerca

El hilo de esta historia podría empezar aquí

Maica- Hola Carmen, ¿estás por aquí? ¡Conéctate porfa!
Carmen- ¡Por fin! ayer estuve esperando verte por aquí como una hora, ansiosa por verte conectada, y es que desde la última conexión me dejaste intrigadísima.
M- Lo siento, ayer me tocó quedarme en el trabajo unas horas más y cuando llegué vi tu mensaje pero me imaginé que ya no estarías y ahora acabo de acompañar a Álvaro a llevar su coche al mecánico; para estar más tranquila contigo lo he mandado con mi coche a hacer algunos recados.
C- Qué bien, entonces estamos solas las dos, Ramón y los niños se han ido a la bolera con mi cuñado y sobrinos, así que la tarde es nuestra.
M- Esta conversación sería genial tenerla cara a cara con un café.
C- Sí, sí, pero como por la distancia es inviable, venga, venga, escupe lo que dejamos el otro día.
M- ¿Y por dónde quieres que empiece?
C- Maica, pues por donde va a ser, por tu visita a Cádiz.
M- Madre mía Carmen, sólo nombrar Cádiz se me ponen los pelos de punta, jamás podría imaginarme que a esa distancia podría reencontrarme con aquel grupo y mucho menos con Daniel.
C- Ayyysss quieres creer que desde que me lo dijiste he estado imaginándome el momento, como me habría gustado estar ahí.
M- Pues me acordé de ti, miré a mi alrededor por si era una broma, por si detrás de ese grupo aparecíais tú, Sandra, Esther y Sara, de verdad, no podía creérmelo. Los vi aparecer mientras estábamos en un cocktel-cena-baile que organizaba el hotel. Creo que no se dieron cuenta de mi presencia, mi mesa estaba situada de tal manera que me permitía controlarlos sin que me viesen.
C- ¿Pero no te acercaste a hablar con ellos?
M- Tranquila, tranquila… Estaba tan nerviosa que necesitaba tiempo, en nuestra mesa estábamos Álvaro, su hermana y marido y otra pareja; para completar la mesa se añadieron cuatro suecos que llevaban veraneando en España seis años y se desenvolvían bastante bien con el idioma y más aún con el cachondeo. Aprovechaba que Álvaro y los demás estaban enfrascados en conversaciones y copas para observar al grupo, una enorme planta me ayudaba a no ser vista. Cuando ya habíamos tomado y comido suficiente vi que Daniel se levantaba, era momento de no perderlo de vista, mis piernas temblaban como cuando tenía 15 años Carmen. Los suecos y el resto seguían bebiendo, esta vez con chistes, yo pensando en cómo levantarme de aquella mesa sin llamar mucho la atención, seguí a Daniel con la mirada y cuando se paró en la barra pensé que era el momento de lanzarme, cogí el bolso con la intención de dirigirme al lavabo, pero mi cuñada aprovechó mi gesto para ir ella también, creí que todo se me iba al traste; al salir el destino me echó una mano, la música tenía más volumen y mi cuñado estaba esperando a su mujer justo en la salida, se la llevó a la pista, miré a mi mesa y vi que Álvaro estaba bastante emocionado con el resto, desvié mi mirada hacia la barra y…

martes, 11 de septiembre de 2012

Sin cuchillo y tenedor

El hilo de esta historia podría empezar aquí

Ramón- ¿Carmen te vienes a…?
Carmen- ¡No entiendo por qué no está conectada!
R- ¿Qué te ocurre?
C- Que no hay manera de encontrar a Maica conectada en el chat, qué raro, me dijo que hoy lo haría a la misma hora de ayer.
R- Acabarás antes si la llamas.
C- Lo haría si no se me hubiese olvidado pedirle su número de teléfono, ¡qué cabeza la mía!
R- Lo mismo se le ha olvidado.
C- No, no puede haberse olvidado, si quedamos en…
R- También puede haberle surgido algún imprevisto no sé, una avería con el coche, unas horas extras, los niños…
C- Pero qué dices, si no tiene hijos, debe haberle ocurrido algo, Maica ha sido siempre muy fiel a su palabra.
R- Bueno, no lo agraves más de lo que es, dale unos minutos, envíale un correo, no sé... Venga, vamos a dar una vuelta y de paso nos quedamos luego a cenar con los niños en el Mcdonalds.
C- Ramón sabes que odio ir al Mcdonalds.
R- Sí pero a nuestros hijos les encanta.
C- Pues deberíamos haberles hecho entender que ir a ese sitio no es comer.
R- Pero si vamos muy de vez en cuando mujer...
C- Siempre que he pisado ese restaurante es por ellos, y digo yo ¿por qué lo llaman restaurante? Si prácticamente todo lo que tienen en el menú se puede comer sin cuchillo y tenedor.
R- Venga mujer, no seas negativa, además hoy está aquí la amiga de Laura y les he prometido una cena allí. Mira, te propongo algo mejor, nos pasamos por el Mcdonalds del centro comercial para que cenen ellos, les compramos una entrada para que vean una peli en el cine y mientras, cenamos en la pizzería de al lado.
C- O sea, que ya haces los planes con tus hijos antes de consultarme a mí.
R- No te me pongas celosa a estas alturas.
C- ¿Celosa yo? ¿y por ti? Ja!! Mira, acepto el plan de la pizza, siempre será mejor que una triste ensalada de ese antro.


R- Ya que estás navegando mira la cartelera, a ver si hay alguna peli que los niños puedan ver.
C- Sí, no vaya a ser que al final el súper plan... y me toque cenar...
R- Mientras voy a ir a limpiar un poco el coche.
C- Buena idea, el coche lo está pidiendo a gritos, yo voy a seguir intentando contactar con Maica.
R- ¿Me llevo a los niños conmigo?
C- Al menos llévate a Santi que hoy está insoportable. Laura y Esther están en su habitación haciendo de modistas con sus muñecas.
R- Entonces mejor no interrumpo su momento de inspiración, me llevo a Santi, luego me pasaré a ver a mi hermano que se ha comprado una moto nueva, otra para ampliar su colección, menos mal que tienen un amplio garaje.
C- Tu hermano y sus motos, no sé como Carlota no le para los pies.
R- Mujer, ella también tiene su hobby y sus gastos, no sé qué va a hacer con tantas labores de punto de cruz.
C- Cada loco con su tema, mira, podrían ver la peli de "Tadeo Jhones", a la sesión de las 9h, eso sí, tendríamos que llegar al McDonalds a eso de las ocho y cuarto para que les de tiempo de cenar a los tres. ¡Aysss qué raro que Maica no esté por aquí conectada!
R- Son pasadas las seis ¿a las ocho y cuarto estarás lista? ¡Carmen... Carmen! ¿me escuchas?
C- ¿Qué? perdona, no te estaba escuchando, sí, sí, que luego quedamos.
R- Que sobre las ocho y cuarto estaremos en la puerta, que estéis preparadas las tres.
C- Que sí, que ya me lo has dicho dos veces, ¿te vas o no te vas?
Mira que no pedirle el número de teléfono a Maica, a ver si ahora voy a estar sin saber de ella unos cuantos años más… ¡¡no por favor!! Y esta tarde que estaba sola y podía… Venga, venga, venga… Maica, responde, que ayer nos quedamos a medias… Pero ¿qué me ocurre? estoy como una niña con zapatos nuevos, eso sí, sin ganas de pisar ese Mcdonalds. Y hablando de niñas, voy a ver qué hacen estas dos en la habitación.

Qué pasará... aquí