martes, 10 de julio de 2012

Destino... Cádiz

Hoy hace ya cuatro años de aquel encuentro, de aquel verano de 2008 y me apetece mucho escribir lo sucedido aunque sea en una libreta olvidada y vieja a la que parecen crecerle las páginas en blanco cada vez que la ojeo…
Llevábamos ya seis años César, Santi, Joan y yo recorriendo países desconocidos por vacaciones, nosotros los llamábamos viajes CCC, por sus comidas, clima y cultura diferentes a los de España. Empezamos a viajar juntos a los veinte años y mientras siguiésemos en estado de "soltería o separados" seguiríamos haciéndolo, sólo el verano pasado Santi desconectó de nosotros porque decidió ir a NY con la que por aquel entonces era su amiga con derecho a algo más, el resto ya separados no teníamos problema alguno. Yo ya tenía ganas de quedarme en la península algún verano y aprovechando que Joan llevaba ocho meses sin trabajo me costó poco convencer al resto para buscar algún paraje nacional. Hay que ver que con lo pequeña que es la península todos teníamos destinos predilectos y para poder ponernos de acuerdo decidimos meter en un bote dos destinos por persona y echarlo a suertes, al final ganó Cádiz. Siempre me atrajo ese punto sur de Andalucía, la unión de dos mares y el buen carácter de sus  gentes a pesar de la lucha con los aires de levante y poniente.


Tuvimos que hacer muchos números para que el presupuesto de Joan no se fuese de las manos. Escoger un hotel a medio camino de las playas más bonitas, que no hay pocas, planear una media de gastos para comidas y un plus especial para los gastos extras de las noches que prometían ser colosales en fiestas. Decidimos hacer los casi 1.200km que hay desde Barcelona hasta Tarifa en coche, me apetecía mucho poner a prueba el coche que había estrenado hacía cuatro meses y descubrir con él y en compañía de mis mejores amigos nuevas carreteras. 
César insistió en que saliésemos a partir de las cuatro de la tarde para ir buscando la noche, pero la verdad es que a esas horas y en pleno mes de julio lo que íbamos es buscando el sol; entre música, risas y fanfarroneos de quién iba a ligar más en Cádiz fuimos dejando al oeste el agotador día con su viejo sol, al otro lado presumía ya una luna creciente, una nueva brisa y olor a pasto seco nos empezaba a dar la bienvenida a las esperadas vacaciones.

viernes, 6 de julio de 2012

Cuestión de... sensibilidad

Desde que dio la noticia de que su nuevo disco estaba calentito esperando la promoción, empezamos a planear la compra del mismo y por supuesto asistir al menos a la firma de discos; donde la gente sin tener suficiente, preguntaría por las fechas de sus conciertos. Qué grande es esta mujer, si tengo que expresar lo que siento al escucharla tendría que inflar las palabras para quedarme a la altura de sus letras y eso es imposible, lo que ella compone y recompone nos puede haber pasado a cualquiera. Con sus letras sientes como un escaneado interior, un alboroto del juicio y una avergüenza en la piel. Sus acordes impregnan este espacio que respiro; su voz le regala abrazos a mi alma.
Ella nos deleita con sus letras y acordes y se lo agradecemos con aplausos en sus actuaciones, comprando sus discos, siguiéndola en redes sociales, etc. Hoy mi aplauso se convierte en una ilustración que he realizado con el permiso de mis ganas y la única pretensión que disfrutar haciendo lo que más me gusta, dibujar.
Mientras la dibujaba sonaban sus tres discos en mi iPod y pensaba en describir a Vanesa Martín como persona, pero no podría porque sólo he mantenido con ella dos encuentros agotando pilot's entre firmas, pero creo que detrás y delante de ese aspecto bohemio que luce con una sencillez natural, aflora una llaneza especial, la que refleja luego en sus canciones. 


Ojalá siga sorprendiéndonos y escandalizando mis sentidos muchos discos más. Mucha suerte en tu larguísima carrera Vanesa.

martes, 3 de julio de 2012

Conéctate...

...para ver quién está conectado para chatear.
Sandra, Albert, Chema están ahora conectados, ¿quieres chatear con ellos?
Mmmmm... Bueno, a ver si puedo hablar con Sandra.
Hola Sandra ¿qué tal? :-P
…
…
…
Eoooo, estás ahí? :-O
…
…Please wait!!
Sandra escribiendo
facehands

Sandra- Hola guapa, qué bien!! tú por el facebook. Precisamente ahora quería enviarte un email
Maica- No me digas que estabas pensando en mí?
S- Pues sí, porque quería decirte que acabo de localizar por estas redes a alguien que creo que te gustaría tener entre tus amigos.
M- Pues viniendo de ti ¡a cualquiera hija! no sé cómo te lo haces, cada vez tienes más amigos, de dónde sacas...
S- ¿El tiempo?
M- No, déjame acabar la frase, que de dónde sacas tantos amigos.

domingo, 1 de julio de 2012

¿Y por qué no?

Se acercaban ya las doce del mediodía y las chicharras empezaban su cantar, –¡Toñi no quiero ni imaginarme cómo estarán las temperaturas tres horas más tarde! –¡Pues eso se arregla tomando algo fresquito! –¡Sí porque sino me niego a dar un paso más! Pero en una población ajena a la tuya siempre se siente una un poco perdida, en nuestro caso sólo intentábamos localizar un letrero rojo de bebida refrescante y el nombre del local debajo de la publicidad. La suerte fue encontrar un par de señoras que volvían de su compra diaria, interrumpimos su conversación para ver si nos podían indicar dónde podríamos deleitarnos de algo refrescante, rápidamente nos señalaron un bar al otro lado de una plaza pequeña y en la que ni las palomas se acercaban a abordar cualquier resto de migajas que las personas dejan tras una parada antes que el sol abrase los baldosines de la misma. Habíamos pasado dos veces por allí y no habíamos conseguido divisar el local ni letrero alguno, imposible que pudiéramos verlo, habían seis enormes moreras que con su volumen se encargaban de ocultarnos ese paraíso para un sediento y cansado turista como nosotras.
Aceleramos el paso al darnos cuenta que bajo la sombra de esas árboles habían mesas y vigilando las mismas un apuesto camarero con cuerpo y pose de portero de discoteca, que al ver nuestras caras comenzó a moverse, imagino que leyendo nuestro pensamiento, abordar la única mesa que quedaba libre y nosotras regalándole una sonrisa de ¡chica busca chico! Nada más sentarnos se

lunes, 25 de junio de 2012

No estaba en nuestro destino

Hoy acuso a la luna si es que hay que echarle la culpa a algo o alguien por haberte traído una vez más a mis noches silenciosas que ya empiezan a ser monótonas. Anoche sentado en este sillón, intentaba no sacarle más conclusiones a lo que soñé o creí ver cuando observaba el cielo estrellado, estaba realmente maravillado ante la inmensidad de la vía láctea cuando cerré mis ojos para evitar disfrazar mis pensamientos; no, no puede ser que intentando deshacerme de tensiones aparezcas dibujada entre las estrellas, anoche no me hizo falta pincel alguno para encontrarte entre Marte y Saturno. Tuve que cerrar los ojos porque creía volverme loco ante tanto centelleo que me persuadía dibujándome la silueta de tu cuerpo, hasta esa brisa veraniega se camufló haciéndose pasar por tus manos y sentí tal sacudida en mi cuerpo que me hizo llorar, siempre apareces cuando menos me lo espero, cuando menos preparado estoy para recibirte. ¿Y cuándo lo estoy? Siempre te cuelas con esa maestría y destreza para invitarme a un último abrazo, ese que quedó pendiente precisamente una noche de verano. Me levanté con la intención de que la cama me ayudase a mitigar esa angustia, me tumbé y el techo impregnado de luna me trajo de nuevo esa sensación de sentirme aún más culpable por haber atendido aquella mujer que resbaló cerca del andén y tuve que acompañar al centro sanitario más cercano, ese gesto amable hacia aquella desconocida hizo que no pudiese despedirme de ti, perdí mi tren para que tú no perdieras el tuyo. Posiblemente nunca te llegue esta carta ni llegues a saber que no fue mi intención no aparecer por aquella estación, llevaba en ella más de dos horas, intentando memorizar alguna despedida sin torpeza, secándome el sudor inoportuno de las manos que la cobardía provoca. Por lo visto no estaba en nuestro destino vernos ni despedirnos ese día, como tampoco abrazarnos.


domingo, 17 de junio de 2012

Desorden monocromático

Siempre intentando ordenar mi desorden, si busco en mi armario no encuentro a la primera lo que busco, ¡no tengo remedio, sigo siendo un desordenado! 



En la pandilla nos organizábamos por tres tipos, los desordenados y desastres, ahí yo era el líder; los que desordenaban a ratos y ordenaban después, de este grupo eran la mayoría restantes; y luego estaban los meticulosos, que en realidad sólo había uno, Pablo. Entrar en su habitación era como entrar a una tienda de esas en las que eres atendido y no te dejan mover ni un sólo trapo, sus jerseys estaban ordenados por colores, tonalidades y estaciones, nunca había nada fuera de sitio y si por alguna razón entrábamos Albert y yo en su habitación e intentábamos hacerle la broma de ponérselo todo patas arriba él no hacía ni decía nada, creo que con ello consiguió que no lo hiciésemos eso más de tres veces, es más, creo que soportaba cualquier cosa de nosotros porque le servíamos de modelo para sus experimentos fotográficos.

jueves, 14 de junio de 2012

Desempolvando recuerdos



Llega el buen tiempo y toca hacer una limpieza más general a este apartamento, como cada año una limpieza más profunda, sacar lo mejor y lo peor de los rincones, extraer y remover recuerdos causados por pertenencias que ya ni nos pertenecen, limpiarle el polvo a las dudas, sacarle el brillo a las causas y motivos por las que se quedaron en eso, en recuerdos. Al final para volver a meterlo todo en cajas y encontrármelo de nuevo en la próxima limpieza y volverme a enojar por no haber eliminado tanto trasto dañino, de nuevo volveré a mirarlo todo con atención y le echaré la culpa a la música, a esas notas que se cuelan y localizan nuestras más recónditas células sensibles y nos traen el pasado como si lo estuviésemos viviendo ahora, como los sueños, como esos pensamientos, toda una serie de imágenes inexistentes y engañosas que casi puedes tocar.
Hacía tiempo que no sentía mis diecisiete años tan cerca, las manos de Iván han tenido la culpa, o mejor dicho, las notas de su piano. Iván es el hijo de un vecino que irrita al vecindario con su aprendizaje y ensayos, aunque he de decir que a mí nunca me molestó, quizás porque noto como prospera día a día, nadie nace enseñado y mucho menos para la música.

martes, 31 de enero de 2012

Amigos hasta ese instante


Querida Amelia
Últimamente vengo a menudo a pasar algunos ratos de silencio a mi apartamento, en casa de mis padres hay mucho ruido y no puedo concentrarme en nada de lo que me propongo, pero aquí es distinto, este minúsculo apartamento está cargado de recuerdos y como diría mi amiga Laura, "de buena onda". Siempre que llego abro sus cuatro ventanas, dejo que entre la luz, se instale conmigo y me haga compañía. Ya sabes que está bien situado y no muy lejos del centro, es por eso que cuando el portero me ve llegar me comenta que debería aprovechar el momento y alquilarlo, él sabe de algún que otro inquilino solvente encaprichado. Yo siempre le sonrío y le digo: No sé Julián, aún no me he decidido. Él lo sabe y yo también, este apartamento es mi único capricho, a parte de fumar claro; sí Amelia, aún no he conseguido dejarlo.
Hoy he revivido algo muy especial nada más entrar y cerrar la puerta he notado tu presencia, bueno, he de reconocer que siempre estás presente, me he dirigido a la cocina para prepararme una taza de café y hasta que me invadiera su aroma he decidido liarme un cigarrillo con un tabaco que mi vecino Aurelio me trajo de unos de sus viajes hace un par de semanas, leyendo la procedencia del mismo y la del café intentaba distraer mi mente de ese nerviosismo interior que se había instalado en el mismo instante que abrí la puerta.
Con la mezcla de aroma y humo me he dirigido al salón, observando las vistas desde el sofá ¿lo recuerdas? Muchos me dicen que ese sofá estaría mejor en la pared de al lado, que es más amplia, incluso que debería deshacerme de él por lo viejo que es, pero yo no les escucho, aquí, en este espacio sólo escucho a mi corazón, y él adora este sofá y lo quiere en el mismo lugar de siempre, sólo él y yo sabemos el por qué. Bueno, cuando leas esta carta tú también lo sabrás. Este sofá aunque te parezca extraño sigue acompañando parte de mis horas de descanso y de lectura. Este sofá conserva los mejores recuerdos que he vivido en este modesto apartamento y los mejores que he vivido junto a ti.
Hoy, subido a lomos de la nostalgia, entre café y nicotina, ha sonado el teléfono y ha sido entonces cuando se ha instalado la imagen de tu cuerpo lánguido sobre el sofá y he empezado a recordar aquel veintisiete de agosto.

jueves, 26 de enero de 2012

Otorgándose

Sentada en el sofá de esa peluquería, a la espera de su turno, ojeando revistas de estilos nada parecidos al suyo,  sacaba un bloc, una minúscula cajita con unos lápices y una goma,  podías verla resistiéndose al lápiz, al sonido de sus trazos sobre el papel un tanto rugoso, observaba cada átomo de luz sobre un papel de revista brillante para reproducirla en su cuaderno. ¡Crear por crear! -me comentaba-, que sepas que esto sólo me sirve de terapia, quiero curarme de una angustia insistente, quiero olvidar mi falta de lucidez por dejar irse de mi lado la persona que más me hizo sentir, quiero otorgarle a mi egoísmo este placer en el que sólo se implican mis manos, sólo estoy yo. Con un lamento en sus ojos se incorporó para dirigirse al lavacabezas, yo me quedé observando la misma revista que había tenido ella en sus manos y entre sus hojas quedó olvidado un pequeño lápiz azul. Se lo acerqué, me dio las gracias y arrancó de su cuaderno lo que hacía unos minutos había estado bocetando.


martes, 1 de noviembre de 2011

Quién de los dos

Quién detendrá al amante,
quién de los dos lo hará.

Quién recordará sus besos robados una tarde,
quién destruirá las caricias robadas al viento.

Quién mirará hacia atrás entre la multitud,
quién observando la luna creerá que hay alguien más.

Quién masticará la rabia de no poderse ver una noche,
quién recordará esa nota en un café.

Quién guardará una foto en el fondo de un cajón,
quién tirará la primera carta.

Quién detendrá al amante poeta...

Mó